sábado, 22 de julio de 2006

CAZA BOMBARDEROS DE LA AVIACION NAVAL 
"DASSAULT SUPER ETENDARD"



Especificaciones Técnicas 

Tipo: caza y ataque embarcado 

Envergadura: 9,60m Largo: 14,31 m. Alto: 3,85 m. Peso:vacio 6.300 kgs, maximo 11.900 kgs. 
Tripulacion: uno 
Armamento: 1 misil AM39Exocet, 2 cañones DEFA 552A de calibre 30 mm, 2 misiles Matra R550 Magic, bombas convencionales y 5 puntos para sujecion de armamento y otras cargas. 
Motor: 1 Turborreactor Snecma Atar 8K-50 de 4.700 kgs. de empuje. 
Velocidad máxima: 1.180 kms/h. 
Autonomía: 2.000 kms Fabricados en: Avions Marcel Dassault-Breguet Aviation, Francia. 
Denominaciones: 3-A-201 a 3-A-214 - Se compraron catorce aviones, siendo utilizados desde 1981. 


Aterrizando en el 25 de Mayo 




SUE Con Exocet

En el ascensor del ARA 25 de Mayo 
 

"Touch and go" en el Portaaviones americano USS Ronald Reagan CVN 76. 



En catapulta del ARA 25 de Mayo



Etendard Frances. 

 



En el ARA 25 de Mayo
 



En Pleno Vuelo 



Marina francesa (Marine Francaise) 
 


A la caza de blancos 

 



Cargando un Exocet en Rio Gallegos 



Listos en Rio Gallegos 



CAZA BOMBARDEROS DE LA AVIACION NAVAL 

"Douglas A4-Q Skyhawk" 

 

Especificaciones Técnicas
Tipo: Caza de ataque y embarcado 
Envergadura: 8,38m Largo:12,48 m. Alto:4,57 m.
Peso: vacio 4.600 kgs, maximo 10.200 kgs.
 
Tripulacion: uno 
Armamento: 2 cañones MK-12 de 20 mm, dibersas bombas, cohetes y misiles sidewinder AIM-9B. 3 puntos de carga para armamento y cargas varias. 
Motor: 1 turborreactor Wright J.65-W-20 de 3.800 kgs. de empuje. 
Velocidad máxima: 1.052 kms/h. Autonomía:3.000 kms. Fabricados en: Douglas Aircraft Corp., EEUU. 
Denominaciones: 3-A-201 A 3-A-216 Y 3-A-301 A 3-A-316- 
Se adquirieron 16 aparatos de 1972 en adelante. 

Notas Generales: 
El diseño del Skyhawk hacia la década del '50 marcó la tendencia en el concepto de diseño de aeronaves de combate hasta nuestros días. El desarrollo del A4 se realizó en un tiempo record, lo que permitió a la United States Marine Corps (USMC) y United States Navy (USN) equipar a sus unidades de primera línea, a tiempo como para encontrarse operativas a comienzos la Guerra de Vietnam y cumplir una destacada función en apoyo a las unidades terrestres y de superficie. 

Demostradas sus cualidades en combate, los pedidos para su exportación arribaron desde todas partes del mundo, una de ellas era desde la Aviación Naval Argentina quien aprovechó una oportunidad que se le presentó para adquirir Skyhawk de la versión A4-B, que serían modernizados como A4-Q. Con esto el Comando de Aviación Naval (COAN) podría conformar el Grupo Aéreo Embarcado del portaaviones ARA "25 de Mayo", con aviones a reacción. A su arribo fueron destacados a la Base Aeronaval Comandante Espora (BACE), la que sería su asiento natural, y desde donde serían desplegados para realizar operaciones embarcadas en el portaaviones. 

Hacia 1978 la unidad se encontraba en un grado de adiestramiento óptimo, lo que permitió durante el conflicto limítrofe con Chile por las Islas Lennox, Picton y Nueva, un rápido alistamiento y despliegue hacia el extremo sur a bordo del ARA "25 de Mayo", desde donde realizaron patrullas aéreas de combate armados, interceptando aeronaves chilenas. 

La altísima experiencia acumulada a lo largo de los años en el A4, permitió a la Aviación Naval cumplir, a pesar de la escasez de unidades y las condiciones operativas, tener una destacada y meritoria actuación durante la Guerra por las Islas Malvinas, que fue reconocida por las mismas fuerzas británicas. Al hundir las fragatas HMS "Ardent" y "Antelope", además de averiar un destructor Type County y una fragata Type 21; perdiendo durante estas heroicas misiones a tres aviadores navales. 

Una vez finalizado el conflicto la operatividad de los A4 se reducía considerablemente, hasta que en 1988 las dos últimas unidades operativas, debieron ser retiradas de servicio activo, el ejemplar expuesto en el Museo de la Aviación Naval fue el encargado de realizar el último vuelo uniendo la BACE con Aeroparque, para luego ser llevado al Edificio Libertad cede de la Armada Argentina para ser colocado como ornamentación. Así concluían 26 años de orgulloso servicio que han sido coronados con las valerosas operaciones llevadas a cabo durante la Guerra por las Islas Malvinas. 



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A4 de la Fuerza Aérea Argentina, repostando en vuelo durante ataques a Malvinas






Despues del ataque a San Carlos




Info: 
www.histarmar.com.ar 

viernes, 26 de mayo de 2006

CRIMENES DE GUERRA EN MALVINAS

LOS CRIMENES DE LOS INGLESES EN MALVINAS
(Compilación de Notas)

Revelan otros crímenes de guerra en Malvinas
Un nuevo libro escrito por ex oficiales británicos da los nombres de dos responsables de atrocidades cometidas contra soldados argentinos.



LONDRES.- El último libro sobre la Guerra de las Malvinas "Green Eyed Boys" de Adrian Weale y Christian Jennings marca un hito en catorce años de rumores sobre crímenes de guerra durante el conflicto de 1982. Porque a diferencia de muchos otros que se apilan en las librerías este nombra por primera vez no sólo a dos presuntos criminales de guerra sino también a quienes los señalan como tal.

El libro señala como responsables de atrocidades a un soldado retirado Gary Sturge y a otro fallecido Stewart McLaughlin. Según testigos Sturge entonces un corporal (primer rango en la suboficialidad del ejército británico) en el tercer batallón del regimiento de paracaidistas habría fusilado a un soldado argentino herido en la batalla de Monte Longdon.
Según aseguró el capitán Tony Mason Sturge al enterrar a 23 caídos en el combate encontró al soldado herido y aunque recibió ordenes de llevarlo con los demás prisioneros se alejó del grupo desenfundó una pistola y pese a los ruegos del argentino que a los gritos le mostraba un crucifijo para indicarle que él también era cristiano le disparó en la cabeza.
Mason quien habría declarado ante Scotland Yard aseguró que Sturge tuvo un ataque de demencia.
El otro caso que ahora salió a la luz es el de McLaughlin quien aunque demostró coraje en combate fue privado de honores póstumos por la grosera colección de orejas que había arrancado del enemigo.

McLaughlin quien murió en un ataque de mortero tras haber luchado con una bala en la espalda durante varias horas habría arrancado uno de sus infames "trofeos" de un soldado todavía vivo según revelan los autores del libro.
Lo que mayores controversias ha despertado en Londres no son tanto las revelaciones en sí sino la aparente ausencia de medidas disciplinarias aunque algunos aseguran que Sturge fue arrestado culpado y enviado de vuelta a Inglaterra en un barco separado del resto del regimiento.

Pese a que muchos de los que testimoniaron en el libro lo habrían hecho ante Scotland Yard la ausencia del cuerpo del soldado argentino en el lugar donde se dice que fue enterrado el hecho de que Mason haya contado que vio caer el cuerpo pero no a Sturge apretar el gatillo y que ninguno de los presentes en ese momento se animara a presentarse en una corte ha dejado a los detectives británicos con un caso muy difícil de llevar adelante con éxito.
Reapareció el horror Revelación: un libro acusa a dos militares uno fallecido en combate de cometer atrocidades contra soldados argentinos durante la guerra del Atlántico Sur.


LONDRES.- "Green Eyed Boys" el título de la obra que volvió a reflotar el tema de los crímenes de Guerra de las Malvinas que será publicada el jueves de la semana próxima da una idea de lo que contiene.
La frase "Green Eyed" echó raíces en el idioma inglés de boca del Otelo de Shakespeare quien mencionó al "monstruo de ojos verdes" como sinónimo de los celos. Con el tiempo sin embargo el término ha pasado a significar una "inhumanidad réptil" asociada con personajes jóvenes ("green" verde hace referencia a la inmadurez) en novelas y películas de terror.
Lo descripto por Adrian Weale ex oficial de inteligencia militar hoy historiador y Jennings ex miembro del Regimiento de Paracaidistas Territoriales ahora periodista televisivo no está muy lejos.
El primer involucrado es Gary "Louis" Sturge entonces un corporal (primer rango del ejército) en el tercer batallón del regimiento de paracaidistas. Testigos aseguran que fue él el responsable de la muerte de un soldado argentino herido tras la batalla de Mount Longdon.

El incidente ocurrió al final de 12 horas de lucha hombre a hombre en la noche del 11 al 12 de junio de 1982. Fue entonces cuando Sturge a cargo de un grupo de hombres comenzó a enterrar los cuerpos de 23 de sus colegas así como los del enemigo. En el proceso Sturge se encontró con un soldado argentino herido en una pierna y preguntó a su superior sargento mayor Alec Munro qué hacer con él. Este le indicó que lo colocara con el resto de los prisioneros de guerra.
El libro sostiene que Sturge arrastró al soldado y desenfundó una pistola. Un testigo recuerda cómo el joven argentino se dio cuenta de lo que iba a pasar y comenzó a gritar al tiempo que mostraba un crucifijo que pendía de su cuello. Los gritos del prisionero alertaron al capitán Tony Mason quien se encontraba a metros del lugar. Mason asegura que vio cómo el soldado argentino fue herido en la cabeza y cayó de inmediato en lo que constituía una tumba abierta. "Sturge estaba temblando visiblemente justo al tope del promontorio rocoso y yo pensé que me iba a tirar a mí también" señala el capitán en el libro.

Cuando Mason le preguntó por qué había disparado Sturge contestó: "Era un francotirador era un francotirador". El libro pinta la atmósfera de tensión rayana en la paranoia que existía entre estos hombres. La histeria fue tal que en un momento dado de la batalla estuvieron a punto de matar a sus propios compañeros. Aun así Mason cuenta cómo el sargento mayor Thor Caithness llegó de inmediato a la escena del crimen apuntó su rifle al pecho de Sturge y le ordenó arrojar su arma. Colección de orejas
El segundo presunto criminal de guerra fue el corporal Stewart McLaughlin quien fue privado de honores póstumos por la grosera colección de orejas que había arrancado del enemigo. Weale y Jennings dicen que al menos uno de estos infames "trofeos" fue removido de un soldado argentino todavía vivo. El nombre de McLaughlin no figura en la lista de héroes.

Las atrocidades reveladas por "Green Eyed Boys" no sólo señalan por víctimas a los argentinos. Un alto "no-commissioned officer" (NCO militar responsable de un grupo de soldados pero sin rango de oficial) fue puesto al borde de la ejecución acusado de cobardía sin previo juicio luego de que sus compañeros descubrieron que se había escondido durante el combate. Fue sólo cuando uno de sus pares se dio cuenta de que el supuesto desertor sufría una enfermedad mental que el fusilamiento no tuvo lugar.
Tras un paso por Irlanda del Norte Sturge dejó el ejército con el rango de sargento para ingresar en una empresa privada de seguridad. Esto ocurrió hace dos años justo cuando Scotland Yard terminaba sus investigaciones sobre crímenes de guerra en las Malvinas las cuales fueron calificadas como "insuficientes" por la directora de la fiscalía pública (DPP) Barbara Mills.
Lo que este nuevo libro ofrece no es tanto la posibilidad de una reapertura del caso sino la ocasión de conocer algo de una verdad que es probable que no salga totalmente a la luz en muchos años.

Si hay alguien que bien lo sabe es el propio Sturge quien en una entrevista con The Sunday Times dijo no estar preocupado en lo más mínimo. "Cada hombre tiene derecho a decir lo que quiere. Este país nos da libertad de palabra. Esta es una de las principales razones por las que fuimos allí (Malvinas): para darles a esos ciudadanos británicos libertad de palabra. Voy a dormir feliz -aseguró- y me despierto feliz."
Graciela Iglesias (Corresponsal en Europa)

La historia oculta
Hasta que en 1992 publicó "Viaje al infierno" el británico Vincent Bramley sólo era uno más entre los veteranos de las Malvinas. Pero ese libro cambió su historia y la del conflicto al poner sobre el papel la leyenda negra del enfrentamiento esa que desde que terminó la guerra hablaba de atrocidades crímenes y fusilamientos. Bramley sólo se ahorró los nombres pero no le faltaron detalles sobre el asesinato de argentinos previamente mutilados en algunos de sus miembros o en sus orejas.

La reacción tanto en Londres como en Buenos Aires no se hizo esperar. Así mientras el conservador The Daily Telegraph calificaba las versiones como "una ofensa contra las fuerzas armadas británicas" Scotland Yard inició una investigación que incluyó dos viajes a las islas y una a Buenos Aires allá por octubre de 1993. Sin embargo en julio de 1994 la fiscalía británica daba por cerrado el caso porque argumentó "no hay evidencia segura como para llevar adelante cargos reales contra persona alguna por ofensa criminal alguna". Aunque Scotland Yard había tomado 470 declaraciones la mayoría había sido "hearings" es decir no declaraciones presenciales sino repetición de historias contadas por otros un testimonio que en la legislación británica no tiene valor para iniciar acciones legales.
En Buenos Aires en tanto se sumaba la declaración del cabo José Carrizo quien aseguró que había sido víctima de un intento de fusilamiento en Monte Longdon. Una comisión de Defensa investigó el tema y después de que trascendió que habría pruebas sobre el fusilamiento de nueve soldados argentinos presentó sus conclusiones al auditor general de las FF.AA. brigadier Eugenio Miari quien en agosto de 1994 elevó un informe al ministro de Defensa Oscar Camilión en el que consideró necesario recopilar nuevos datos sobre la batalla de Monte Longdon el caso del cabo Carrizo y el hundimiento del crucero General Belgrano. Esa tarea le fue encomendada a otra comisión presidida por el general Mario Díaz que hasta hoy no arrojó resultados concretos.

Un infierno de 18 horas
"Era una noche muy clara estrellada e iluminada por las bengalas inglesas por lo que pude ver perfectamente cuando varios ingleses fusilaban a un soldado que había caído herido. Mi visión era perfecta." Crudo el testimonio que el ex cabo Gustavo Pedemonte brindó a La Nacion en agosto de 1993 arroja parte de la visión de los combatientes argentinos sobre ese infierno que cayó durante 18 horas a mediados de junio de 1982 sobre el accidente geográfico donde se produjo lo peor de la guerra: Monte Longdon batalla hacia donde apunta la mayoría de las denuncias sobre crímenes en las Malvinas.

"Toda la batalla de Monte Longdon estuvo envuelta por condiciones muy confusas" aseguró por ejemplo una alta fuente de Defensa cuando las denuncias de Bramley calaban hondo entre los ex combatientes argentinos.

Parte de la última cadena montañosa que rodea a Puerto Argentino Monte Longdon fue el último baluarte de los argentinos en la batalla por las Malvinas. Allí se enfrentaron básicamente el Regimiento N° 7 de Infantería con el 3er batallón de paracaidistas británicos. A la 1.20 del 13 de junio de 1982 un día antes de la rendición final el Estado Mayor Conjunto daba a conocer el siguiente comunicado: "1. A las 2.50 de hoy el enemigo comenzó el avance de sus tropas con un total de 4500 hombres muy bien equipados con armamento de alta tecnología aprovechando la línea de cerros en dirección a Puerto Argentino. 2. Las tropas enemigas conquistaron Monte Dos Hermanas y parte de Monte Harriet. En el frente determinado por los montes Langdon (sic) y Harriet fueron contenidos por fuerzas argentinas... Como conclusión cabe consignar que el desarrollo de las acciones ha permitido comprobar el empleo masivo de fuerzas inglesas con gran disponibilidad de medios y buenos elementos de apoyo. A esta actitud se opone una fuerza propia con un buen nivel técnico adecuadamente equipada y con excelente espíritu combativo". Atrás quedaban 52 muertos y 97 heridos entre ambos bandos.

Repercusiones
Cuando se conocieron las primeras acusaciones sobre atrocidades de los británicos en esa batalla dos veces desde la Argentina negaron conocer tal situación. Uno de ellos fue el teniente general Martín Balza quien dijo que ni a la fuerza bajo su mando ni a él que combatió en Malvinas los excesos le constaban. Otro combatiente Aldo Rico dijo ignorar si hubo hechos de esa naturaleza.

Fuente: http://asociacion2deabril.blogspot.com


El soldado argentino ejecutado en Malvinas

Ojos verdes.
Adrian Weale
autor, junto con Christian Jennigns, de
"Muchachos de ojos verdes"
es un ex oficial de inteligencia del ejército, historiador militar y periodista.

En un reportaje realizado en Londres, Adrian Weale, autor del libro "Muchachos de ojos verdes", de la editorial Harper Collins, relata la forma en que el paracaidista británico Gary Sturge asesinó a sangre fría a un soldado argentino. Con un crucifijo en la mano, el soldado pidió clemencia. Pero Sturge no tuvo piedad y disparó. El hecho abre un nuevo capítulo en las investigaciones sobre los crímenes de la Guerra de Malvinas.


El soldado tiene las piernas abiertas, la cabeza hacia atrás y se adivina una cara joven, de pómulos altos y un ligero aire aindiado, rígida por la muerte. Su cuerpo está apoyado sobre otros cuerpos y se ve un fusil detrás de él. Adrian Weale, uno de los autores de Muchachos de ojos verdes, ha publicado dos fotos de él en su libro. Cree que este es "presumiblemente" el soldado y prisionero de guerra argentino que "ejecutó" el "corporal" paracaidista Gary Sturge en Monte Longdon ante por lo menos doce testigos.

Había sido herido por el paracaidista Alec Munro cuanto trató de escapar de una posición en el último momento del asalto de la compañía A de los "paras" en el final de la batalla. Según el "private" Stuart Dover,"el prisionero estaba herido en su pie o en la pierna, pero consciente de lo que pasaba con él". Sturge le preguntó a Munro qué hacía con el soldado y recibió una respuesta ambigua: "Ponelo con los otros". Podría ser interpretado de dos formas: con los prisioneros argentinos o con los muertos, separados apenas por unos pocos metros.

Sturge colocó al soldado contra una roca y sacó una pistola que habían recolectado del búnker de oficiales argentinos. El prisionero, aterrorizado, se dio cuenta de su futuro. Con gritos de terror que nadie entendía, mostró un crucifijo que tenía en su cuello hacia Sturge, como una indicación de que los dos eran cristianos.

Sturge simplemente le disparó y el cuerpo del prisionero de guerra cayó en la fosa común junto a los otros. Ahora descansa en el cementerio de los argentinos en Malvinas.

Cuando los oficiales encabezados por el capitán Tony Masson llegaron, era demasiado tarde. Pero ninguno tomó una sola medida para identificar especialmente al ejecutado. Adrián Weale supone que pertenecía a la compañía C del Regimiento 7 de La Plata. Pero los oficiales británicos nunca supieron ni se preocuparon en averiguar quién era, aun cuando desarmaron a Sturge tras la ejecución y lo enviaron al comando de los paracaidistas.

La ejecución del prisionero de guerra argentina no es el corazón de Muchachos de ojos verdes, un nuevo libro escrito por el historiador militar, ex oficial de inteligencia, Adrian Weale y el periodista y ex miembro desertor de la Legión Francesa, Christian Jennings. Pero el caso, más la mutilación de orejas aun en soldados vivos, sirve de hilo conductor para explicar una cultura de violencia guerrera que ha convertido a los "paras" británicos en las fuerzas de elite más temidas del mundo.

Adrian Weale (32) conversó con Clarín en su casa del barrio londinense de Kensington para explicar el incidente y las razones que lo llevaron a escribir el libro. Christian Jennings decidió perder la gloria de tanta publicidad. El periodista está ahora en Africa y su última dirección conocida por su agente y sus amigos era un hotel en Burundi.

El momento de la ejecución

"¿Cómo llegó a la conclusión de que el corporal Starge era el militar que ejecutó a un soldado argentino en las islas Malvinas?

Su nombre nos fue dado por Anthony Masson, que estaba allí cuando se produjo la ejecución. También fue mencionado por Vincent Bramley, que escribió el libro Excursión al infierno y por otra gente que participó en la investigación de toda la historia. Es un común denominador en el Regimiento 3 y entre los paracaidistas que Sturger lo hizo. Su sobrenombre después de este incidente fue "line em up Louis", (ponélos en línea, Luis) porque supuestamente él los puso a todos contra la pared.

¿Puede describir usted exactamente qué pasó?"

Al corporal Sturge y a otros miembros de su companía les fue ordenado "después que la batalla finalizó" chequear las posiciones argentinas para ver si había prisioneros, heridos, material de inteligencia que recolectar. Sturge se encontró con un argentino en una trinchera con una pierna o pie herido. El le preguntó a su sargento mayor Munroe qué hacía con él. Aparentemente, él le dio una respuesta ambigua: "Ponélo con los otros" o "deshacete de los prisioneros". La mayoría de la gente entendió que la orden fue ponerlos con los otros prisioneros. Sturge aparentemente entendió que debía ejecutarlo y con la pistola que habían encontrado en el búnker de los comandos argentinos le disparó. El cuerpo cayó en la tumba donde había otros muertos.

¿Hubo un diálogo entre el prisionero y Sturge?

Acorde con el private Dover, que era uno de los soldados de Sturge, el prisionero que fue ejecutado mostró el crucifijo que tenía en una cadena en su cuello. Presumiblemente para decirle a Sturge que era cristiano como él. Sturge lo ignoró y lo ejecutó.

Testigos argentinos

¿Hay otros soldados argentinos testigos de este acto?"

Creo que sí. Yo no hablé con ninguno pero había varios en el área.

Todo se desarrolló en un espacio de 300 metros, los prisioneros eran desplazados de un lado a otro pero todo sucedía al mismo tiempo. No había más niebla. Era una mañana limpia y con sol, aunque llovió en la noche y hacía mucho frío.

¿Sturge dijo que el ejecutado era un "francotirador"?"

El le dijo eso a Masson. Pero luego le dijo a David Collett, que era el comandante de su compañía: "Me dieron la orden por radio de ejecutar los prisioneros". Y lo hizo. El dio dos excusas diferentes por lo que hizo."

Inmediatamente, ¿qué pasó?

Sturger fue llevado al comando de la companía A, que era la suya y fue desarmado. Luego, supuestamente fue traslado al comando donde estaban los altos oficiales en la "Estancia". El no participó en ninguna operación de los paracaidistas después. Al final de la guerra, fue llevado a Port Stanley, donde fue castigado y enviado en otro barco al Reino Unido.

Fue promovido

¿El estuvo bajo tratamiento psiquiátrico?

No sé. 

¿Lo entrevistó?"

Sé dónde vive. Pero sólo hablé con él brevemente. Algunos meses atrás le enviamos el material del libro para que supiera qué íbamos a publicar y si tenía algún comentario que hacer. Estaba muy preocupado por lo que se iba a publicar. Me llamó y hablamos sobre eso. Arreglamos vernos pero yo le advertí que él debía hablar con un abogado antes. El lo hizo y canceló nuestro encuentro. Habló muy brevemente conmigo."

¿Le admitió que lo había hecho?

No, pero tampoco lo negó. Solo dijo que algunos hechos no eran exactos.

¿El nunca fue echado de los paracaidistas?

No. Fue transferido del Regimiento 3 de los paracaidistas al "Depot", que es un centro de entrenamiento, y luego al Primer Batallón de Paracaidistas. Fue promovido dos veces después del incidente. Posiblemente no haya sido promovido a un grado tan alto como si el episodio no hubiese ocurrido. Dañó su carrera pero nada peor le pasó. El dejó el Ejército en 1994 después de 22 años de servicio y llevaba 10 años como soldado cuando el incidente ocurrió. Trabaja ahora para una compañía de seguridad en el sur de Inglaterra que se ocupa de alarmas y puertas de seguridad.



EL COMBATIENTE ASESINADO POR UN PARACAIDISTA INGLÉS

presentan en la justicia el único caso que fue calificado como crimen de guerra de las fuerzas británicas

Foto clave. Veteranos de La Plata reconocieron al soldado asesinado por el paracaidista inglés en la foto publicada en Londres.

El homicidio se conoció en 1992, pero hasta ahora ni la justicia argentina ni la británica tomaron cartas en el asunto. Nuevos datos cierran hoy el círculo sobre la muerte a sangre fría de un soldado argentino en Malvinas.

En el Centro de Ex Combatientes de La Plata (CECIM), veintiocho años después de Malvinas, acaban de cerrar el círculo del único crimen de guerra reconocido por Gran Bretaña. Tienen la certeza, después de una trabajosa y larga investigación, de que ese chico morocho y flaquito, que corona una pila de cadáveres en una foto aparecida en Londres en 1990, era uno de los 36 soldados del Regimiento 7 de La Plata que combatieron en Malvinas y nunca regresaron.

Ese soldado fue fusilado con un tiro en la cabeza cuando ya había terminado la batalla de Monte Longdon; un asesinato que vio la luz en 1992, ejecutado sin piedad y a sangre fría por el paracaidista Gary Sturge. Ese crimen nunca tuvo condena. Pero la certeza tendrá consecuencias: se transformará pronto en una denuncia ante los tribunales de Río Grande. Y todo indica que terminará en un tribunal internacional.

Javier García, colaborador del centro que agrupa a 450 soldados ex conscriptos en la capital bonaerense, tiene 40 años y no fue a la guerra del Atlántico Sur. Pero se tomó un trabajo que nadie, en tanto tiempo, se había tomado. Le llevó 12 meses. Y no le resultó fácil. “Preguntar por un chico muerto es bastante incómodo”, dice. El primer paso fue recuperar la imagen revelada en los 90 en el Reino Unido: una montaña de cuerpos. Arriba, la de un soldado al que se le llega a ver el rostro (detrás de ellos, tres ingleses retratándose con su trofeo posterior a la batalla). El segundo paso fue comparar esa foto con el cuadro que cuelga en la sala principal del CECIM. Ahí están los 36 chicos del Regimiento 7 de La Plata que no volvieron de la guerra. García, remisero de profesión, archivista temático de Malvinas, empujado por una fuerza que no sabe de dónde le vino, juntó testimonios, papeles, fotos, encontró a testigos y cruzó datos, y un día se dio cuenta de que había tachado todos los retratos de los soldados, menos uno.

Mario Volpe, miembro de la comisión del centro, suma más argumentos: hay un testimonio de un cabo argentino, al que en su momento nadie le prestó la atención que merecía, y un trabajo de laboratorio de un organismo oficial que corroboran que la imagen del soldado rematado a sangre fría es, con una exactitud mayor al 90%, el mismo que quedó liberado de la tachadura durante la pesquisa de Javier García. Ésos son los datos más potentes de la denuncia que llegará, en primera instancia, a la justicia argentina en menos de 60 días. Aunque, por diversas razones, todavía no es posible divulgar el nombre de la víctima.

En el libro Al filo de la navaja (la historia no oficial de la Guerra de Malvinas), publicado en 2006, Hugh Bicheno, un historiador revisionista norteamericano de padres británicos, que trabajó para los servicios de inteligencia del Reino Unido, repasa la historia del fusilamiento.

“Cuando la compañía A trasladaba a los enemigos muertos con ayuda de algunos prisioneros a una fosa común en la ladera norte de la colina, Sturge se apareció con un argentino herido, al que el sargento mayor Munro le había disparado en la pierna poco antes. ‘¿Qué hago con éste?’, preguntó Sturge. ‘Póngalo con los otros’, replicó Munro, y Sturge le pegó un tiro en la cabeza con una automática calibre 45 que había encontrado en el puesto de mando de Carrizo Salvadores. Los altos mandos de la compañía de apoyo estaban cerca y corrieron a desarmarlo. Cuando Mason le preguntó por qué lo había hecho, Sturge balbuceó que el soldado era un francotirador, por lo que es probable que su mente extenuada lo haya considerado una manera de vengar las muertes de Hope y Jenkins en Wing Forward. Cuando el primer libro de Bramley propagó la noticia, la ‘máquina rojo castaño’ (referencia a la boina utilizada por el regimiento de paracaidistas) cerró filas; la fatua investigación policial que excavó la fosa común y luego fue a la Argentina en busca de testigos llegó a la conclusión de que no había posibilidades de procesarlo con éxito. No las hubo desde un principio: cualquier abogado competente hubiera logrado que sobreseyeran a Sturge por responsabilidad disminuida. La verdadera pregunta es qué fue lo que disminuyó su responsabilidad, y la respuesta a esa pregunta es omniabarcadora”.

Las investigaciones del historiador militar y ex oficial de inteligencia Adrian Weale, autor de Muchacho de ojos verdes, publicado en 1996, y de Vincent Bramley, uno de los diez testigos del crimen, autor de Excursión al Infierno, que salió en 1992, ya habían relatado los hechos hasta el punto de reconstruir que el soldado del Regimiento 7 de La Plata, al darse cuenta de las intenciones de Sturge, buscando conmoverlo, agarró con su mano la cruz que colgaba de su cuello. Los dos expertos, sin embargo, suponían, equivocadamente, que el acribillado en la mañana del 12 de junio de 1982 bajo un cielo limpio y soleado pertenecía a la compañía C del Regimiento 7 de La Plata. Sus libros consiguieron, de todos modos, sacudir a la opinión pública de Gran Bretaña.

De Sturge se sabe que después de su arrebato fue llevado al comando donde estaban los altos oficiales. Se dice oficialmente que no volvió a participar de ninguna operación bélica. Y que, en Puerto Argentino, fue sometido a un proceso militar, aunque no se supo si recibió alguna penalización. Fue promovido dos veces antes de retirarse en 1994. Y ese mismo año la investigación oficial británica lo libró de responsabilidades.

En la foto que está pegada sobre una cartulina, enmarcada en un cuadro, en el local del Centro de Ex Combatientes de La Plata, al soldado asesinado a quemarropa por Sturge se lo ve serio, apagado pero con los ojos bien abiertos. Del pequeño retrato surge, además, un último dato: el uniforme le quedaba grande.


LA FEROZ BATALLA DE MONTE LONDON


La batalla del Monte Longdon fue la más feroz de la guerra de las Malvinas. Dejó 29 bajas, 50 heridos y 121 prisioneros del lado argentino; y 23 muertes más 47 heridos del lado británico.

A las ocho de la noche del 11 de junio, los ingleses infiltraron hombres del Regimiento de Paracaidistas cerca de las posiciones del Regimiento 7 de La Plata. A las 12 de la noche empezaron los ataques con fuerzas de artillería. A las 6 de la mañana, los argentinos recibieron la orden de replegarse hacia Wireless Ridge. Monte Longdon fue escenario de crímenes de guerra. El libro Green Eyed Boys, de Adrian Weale y Christian Jennings, denuncia que tres soldados heridos fueron rematados durante el combate. El cabo José Carrizo contó que aquella madrugada sintió que le pusieron la boca de un fusil en la espalda. Levantó los brazos en señal de rendición y un inglés le hizo un gesto con la mano como de que le iban a cortar el cuello. Luego de una corta ráfaga de ametralladora que le arrancó parte de la masa encefálica y un ojo, lo dieron por muerto y lo abandonaron.



CRÍMENES CONTRA SOLDADOS ARGENTINOS EN MALVINAS

Fusilamiento de combatientes argentinos en la batalla por el Monte Longdon.
El caso del ex subteniente Durán y los soldados, Vallejos y Pinatti, se inicia por la violación a los Convenios de Ginebra trata sobre el hecho de que soldados argentinos fueron obligados a realizar tareas peligrosas como el traslado de municiones y el levantamiento compulsivo de minas. En este incidente perdió la vida un argentino y otros tres resultaron heridos. La violación al Convenio de Ginebra en el caso del ex cabo se enmarca perfectamente en los siguientes artículos ya que una vez despojado de su armamento Carrizo fue acribillado por sus captores:

El Convenio de Ginebra señala que “los prisioneros de guerra deben ser tratados en toda circunstancia con humanidad estando prohibido por considerarse infracción grave, cualquier acto u omisión ilícita que acarree la muerte o ponga en peligro grave la salud de los mismos (art. 13), los que además tienen derecho a ser respetados en su persona y en su dignidad” (art. 14).
El caso del ex cabo de ejército refiere a lo publicado por el paracaidista británico Vincent Brambley en su libro “Excursión al Infierno” en el que relata como soldados de la Corona fusilaron a combatientes argentinos en la batalla por el Monte Longdon.
Dicha investigación es consecuencia de una presentación realizada por la Federación de Veteranos de Guerra de la República Argentina en el año 1996 ante la Procuración General de Justicia de la Nación, que fuera derivada al Juzgado Federal Nº 1, a cargo del Juez Ballesteros.

Los militares británicos mas comprometidos son: Kent Lukowiak, un cabo de la marina británica que confesó haber fusilado a un soldado argentino después de la rendición en la batalla de Monte Longdon. Gary Sturge y Vincent Brambley, ambos admitieron haber presenciado la ejecución de soldados que ya se había rendido y se encontraban desarmados.

La causa judicial como dijimos fue investigada inicialmente por el juez Jorge Ballesteros, pero tras un breve período se declaró incompetente por tratarse de hechos ocurridos fuera de la jurisdicción de la Capital Federal. Esto motivó que el expediente fuera remitido a Tierra del Fuego, (las Islas Malvinas, constitucionalmente forman parte de esta provincia). Allí también los jueces se declararon incompetentes hasta que la Cámara Federal, con fecha 2 de diciembre de 1998, resolvió: ...“cabe el juzgamiento de las posibles violaciones de sus autores en ambos Estados (la Argentina o Gran Bretaña), siguiendo las reglas comúnmente aceptadas en el derecho internacional.

La potestad jurisdiccional prioritaria corresponde a nuestros jueces federales por razón del lugar en que ocurrieron los hechos, nacionalidad de las víctimas y naturaleza del delito”. Además, la Cámara tomó en cuenta que esos crímenes no fueron juzgados en Gran Bretaña por lo que ordenó a la jueza de Río Grande, Lilian Herraet de Andino, que investigue los crímenes cometidos por las tropas británicas durante la Guerra de Malvinas.
En el mes de mayo de 1999, declararon ante la jueza Lilian Hérraez de Andino, el ex subteniente Leonardo Durán, el cabo de ejército José Oscar Carrizo y los soldados Raúl Américo Vallejos y Ricardo José Pinatti, testigos y víctimas de estos crímenes cuya causa judicial impulsa la Federación de Veteranos de Guerra de la República Argentina.

Fuente: http://asociacion2deabril.blogspot.com



RELACIONES CON GRAN BRETAÑA: DECISION DE UNA JUEZA DE RIO GRANDE
Piden que declaren oficiales británicos

Es por el asesinato de soldados argentinos



  • El hecho ocurrió durante la cruenta batalla de Monte Longdon



  • A casi diecisiete años de la guerra, la investigación de los crímenes cometidos en Malvinas es aún un tema irresuelto. Hace pocos días se conoció la decisión de la jueza federal de Río Grande, Lilian Herraet de Andino, de citar a tres oficiales ingleses involucrados en asesinatos de soldados argentinos.La causa fue iniciada por la Federación de Veteranos de Guerra ante la justicia federal, en 1996. La jueza entendió que la citación es posible porque los militares británicos nunca fueron juzgados en su país. La decisión de Inglaterra de no profundizar en la investigación del comportamiento de sus tropas, parece ser la brecha que permitiría juzgar los hechos.La sucesión de fallidos intentos de llegar al fondo del asunto se desarrolló en los dos países protagonistas de la guerra, y se inició en 1991, tras la publicación del libro Excursión al Infierno, del ex cabo británico Vincent Bramley.El combatiente contó cómo sus compañeros del Tercer Batallón de Paracaidistas asesinaron a por lo menos cuatro argentinos en la batalla de Monte Longdon, el 12 de junio de 1982. Y la recuerda como una de las más sangrientas de la contienda.La policía inglesa inició en agosto de 1992 una investigación que incluyó dos visitas a las islas y una a Buenos Aires. La pesquisa se centró sólo en la batalla de Monte Longdon, y dejó de lado muchas otras.La conclusión fue que existían evidencias suficientes para juzgar a los responsables de las violaciones al derecho internacional humanitario, pero recomendó que no hubiera juicio. Y la justicia inglesa archivó la causa, por falta de pruebas.El Ministerio de Defensa argentino creó en 1993 una comisión para recopilar información acerca de la actuación de las tropas británicas en Malvinas, presidida por el obispo castrense Norberto Eugenio Martina. Pero los Veteranos de Guerra cuestionaron la investigación, por considerar que no se había difundido la convocatoria para quienes quisieran brindar testimonio. Las 34 declaraciones que lograron reunirse fueron elevadas al entonces ministro de Defensa, Oscar Camilión.El estudio consignó por primera vez con nombre y apellido, casos de asesinato de soldados argentinos. Los resultados fueron evaluados por el ex auditor general de las Fuerzas Armadas, brigadier Eugenio Miari, quien concluyó que durante la guerra se cometieron numerosas violaciones a la Convención de Ginebra: el intento de homicidio al ex cabo primero José Carrizo; el asesinato del suboficial Félix Artuso; la muerte de dos soldados y la mutilación de otros dos, mientras eran obligados a levantar minas explosivas.El 5 de julio de 1995 una ley del Congreso dispuso la constitución de una nueva comisión, que debía estar integrada por miembros de los tres poderes del Estado y de las Fuerzas Armadas. El comité jamás fue convocado y la ley se convirtió en letra muerta.

    http://edant.clarin.com 



    LAS HERIDAS ABIERTAS DEL CONFLICTO BÉLICO DE 1982

    Malvinas: Ex combatientes denuncian crímenes de guerra de los ingleses


    Publicado el 12 de Junio de 2011


    Son ex conscriptos que estaban detenidos por los invasores. Los obligaron a transportar municiones que explotaron y dos de ellos murieron. Otro fue ultimado y Raúl Vallejos perdió una pierna. Ahora quieren reclamar en Londres. 

    Raúl Vallejos es veterano de Malvinas. Camina con muletas porque le falta una pierna. No oye bien y tiene dañados los dedos de una mano. Estuvo en las islas como conscripto, a los 19 años, pero sus heridas no fueron en combate, sino cuando estuvo detenido por las fuerzas británicas. Junto con otros soldados obligados a realizar tareas riesgosas que les provocaron heridas graves –y la muerte de compañeros– iniciaron una causa en un juzgado argentino por crímenes de guerra y piensan llevar el caso a la Corte Internacional de Estrasburgo para que se juzgue al Estado británico por violación de la Convención de Ginebra sobre el tratamiento de los prisioneros de guerra.


    “Si me hubiesen herido en combate sería otra cosa, pero me pasó estando prisionero”, se lamentó Vallejos a Tiempo Argentino. Los veteranos apuntan a llevar el caso a Londres y presentarse como particulares damnificados ante el tribunal europeo de Derechos Humanos. Para esto buscarán la asistencia jurídica y material de organismos de Derechos Humanos nacionales e internacionales. Además, existe la opción de que el Estado argentino lo presente en el Tribunal de La Haya.


    Vallejos es chaqueño y tiene hoy 49 años. Durante el conflicto de 1982 estuvo afectado al Regimiento 12 de Infantería al mando del subteniente Leonardo Durán. El pelotón servía de apoyo a las tropas en combate. Una noche de fines de mayo fueron emboscados cuando llegaban como refuerzo en las costas de Puerto Darwin. Los nueve combatientes debieron saltar del helicóptero a metros del suelo y replegarse hacia el mar, pero los británicos los interceptaron, hirieron a algunos, y los llevaron detenidos a unos galpones en Goose Green donde había cerca de 400 argentinos presos. Según consta en una investigación posterior, los británicos les exigieron tareas riesgosas, y ante la negativa, hubo amenazas de dejarlos a la intemperie sin comida, lo cual era, en sí, una sentencia de muerte.


    “Al tercer día pidieron 20 soldados para recoger un muerto en el campo de batalla –recordó Vallejos–. A las tres horas piden 20 soldados más para recoger unos cajones de municiones que estaban ahí, a 300 metros. Empezamos a cargar y cuando faltaba poco para terminar la parva, se va un soldado, levanta el cajón y sale, yo voy por atrás y el que venía atrás mío, va, levanta el cajón y ahí explota.”


    La detonación mató al instante a los soldados Martín Flores y Rafael Barrios. José Ferraú quedó incendiado con napalm, y alguien vio que un sargento inglés lo ultimaba de un disparo. Raúl Vallejos, Ángel Urban, Ricardo Pinatti y Ricardo Jakinsuk resultaron gravemente heridos, al igual que Gerardo Fernández, Luis Espinberger, Hugo Duarte, Franciso Ocampo, Víctor Rodríguez y el mismo Durán. Los detenidos de mayor rango presentaron un acta de queja ante los ingleses para denunciar que habían sido obligados a realizar “una actividad no contemplada por la Convención de Ginebra”, con fecha del 1 de junio de 1982.


    El relato sigue: “Cuando escuché la explosión, lo único que dije fue ‘¡Ay mi Dios!’ Lo que casi me ahogó era el humo, porque en ningún momento perdí el conocimiento. Cuando me quise arrastrar miro la pierna: estaba todo cortado. No tenía fuerza, el dedo de la mano estaba todo colorado. No sentí dolor, sentí que me estaba quemando, nada más. Vinieron los ingleses, me hicieron el torniquete y me llevaron en helicóptero al buque Camberra. Ahí me hicieron la primera curación.”


    “Cuando me miro tenía todo hecho pomada, y vomitaba sangre, me tocaba las orejas y me salía sangre por las orejas, por los ojos”, relató Ricardo Pinatti en un documental hecho por ex combatientes. “Me levanto y miro para todos lados y veo a un inglés que me dice que entre, porque eso seguía reventando.”


    “Yo sabía de que estando prisioneros no teníamos que hacer esa clase de trabajo. Una limpieza podría ser, pero no esa clase de trabajos peligrosos”, reflexionó Ángel Urban en el mismo video realizado en Chaco, donde viven los tres.


    A partir del testimonio de un soldado inglés (ver aparte) se inició un proceso de investigaciones hasta llegar en 1999 al juzgado Federal de Río Grande, a cargo de Liliana Herraez de Andino. Esa causa sigue abierta, pero para que alcance al Estado británico debe presentarse, o bien la Argentina ante el Tribunal Internacional, o los ex combatientes, como particulares, en Gran Bretaña y Estrasburgo. “Rozamos con el impedimento económico de poder reclamar en Londres, ya que un abogado con matrícula londinense es bastante caro. Pero no es imposible”, explicó Fernando Préstamo, secretario de la Asociación de Combatientes de Malvinas de Buenos Aires. “Creemos que el Estado argentino hoy más que nunca es un defensor de los Derechos Humanos de los argentinos. Creemos también que hay muchos organismos de Derechos Humanos a quienes vamos a presentar este tema para que nos acompañen. En la medida que logremos, por lo menos la condena internacional a este hecho, sería ejemplar”, agregó.