miércoles, 30 de noviembre de 2011


Grumman US2A Tracker 


Especificaciones:
Tipo Avión de guerra antisubmarina
Fabricante Grumman
Primer vuelo 4 de diciembre de 1952
Introducido febrero de 1954
Retirado 1976 (Estados Unidos)
Estado En servicio (Argentina)
N.º construidos 1284
Variantes Grumman C-1 Trader, Grumman E-1 Tracer y Conair Firecat
Tripulación: 4 (dos pilotos y dos operadores de sistemas)
Longitud: 13,26 m
Envergadura: 22,12 m
Altura: 5,33 m
Superficie alar: 45,06 m²
Peso vacío: 8.310 kg
Peso cargado: 10.630 kg
Planta motriz: 2× Radial Wright R-1820-82WA.
Potencia: 1.525 HP cada uno.
Velocidad máxima operativa (Vno): 450 km/h
Velocidad crucero (Vc): 240 km/h
Alcance: 2.170 km
Techo de servicio: 6.700 m
Carga alar: 0,22 kg/m²

Armamento:
Puntos de anclaje: 6 pilones subalares para cohetes o cargas de profundidad para cargar una combinación de:
Otros: 2 x torpedos guiados (Mk. 41, Mk. 43, o Mk. 34), cargas de profundidad (Mk. 54), o minas en la bahía de armas

Notas Generales:

El Tracker fue desarrollado a comienzos de los '50s para hacer frente a la creciente actividad submarina soviética, misión que cumplió sobradamente durante alrededor de 30 años de servicios en la USN, quien lo opero intensamente durante la Guerra de Vietnam. Y tan solo pudo reemplazarlo con un avión de semejantes características como es el Lockheed S-3 Viking.

Historia

En los años inmediatos al fin de la II Guerra Mundial, la capacidad antisubmarina embarcada de la US Navy dependía del uso de equipos formados por dos aparatos, uno de ellos equipado con un radar de búsqueda que localizaba al submarino, y otro avión atestado de armas para efectuar el ataque (el predecesor del S-2, el Grumman AF Guardian, era un sistema ASW compuesto por dos aviones, uno con el equipo de detección y el otro con las armas).

Este sistema presentaba serios inconvenientes: por ejemplo, una avería de un sistema tan trivial como el de comunicaciones de radio entre ambos aparatos podía dar al traste con la misión. La situación se hizo aún más complicada con el aumento de prestaciones aportado por los submarinos de propulsión nuclear, que eran más rápidos, silenciosos y capaces de inmersiones a mayores cotas. Se precisaba por tanto una aviónica más compleja para aumentar la capacidad de rastreo y un sistema avanzado de control de armamento, así como más combustible que aumentase el alcance y duración de las patrullas, y un mayor confort para las tripulaciones implicadas en estas "aburridas" misiones de larga duración.

Diseño
A finales de los años cuarenta, la US Navy perfiló sus ideas sobre el tipo de avión antisubmarino que precisaba y Grumman se encargó de diseñar un monoplano bimotor de ala alta, designado Grumman G-89, para cumplir con tales requerimientos. La configuración de ala alta optimizaba el espacio útil del fuselaje, dejando volumen para el equipo de a bordo; el extremo trasero de las góndolas de los motores se convirtió en alberge de sonoboyas lanzables. Otras características incluían una amplia bodega de armas, radar retráctil de búsqueda en la sección trasera del fuselaje, sonda MAD también retráctil y un reflector bajo el ala de estribor, además de alas plegables y gancho de detención para poder operar desde la cubierta de los portaviones.

El 30 de junio de 1950 se encargó a Grumman la construcción de un solo prototipo de evaluación que, designado XS2-F-1 por la US Navy, realizó su vuelo inaugural el 4 de diciembre de 1952. Posteriormente aparecieron las versiones S2F Tracker, WF Tracer y TF Trader, que como consecuencia de la unificación de las designaciones para los tres servicios aéreos fueron redesignadas S-2, E-1 y C-1, respectivamente.
El S-2A, primera versión de serie del Tracker, comenzó a entrar en servicio con el escuadrón antisubmarino VS-26 de la US Navy en febrero de 1954. Además de los más de 500 ejemplares vendidos a la US Navy, se exportaron más de 100 S-2A a 2paises amigos". Algunos de estos aparatos fueron usados en misiones de entrenamiento con la designación TS-2A.
La denominación S-2B se aplicó a los S-2A modificados para llevar el equipo pasivo de búsqueda acústica de largo alcance AQA-3 Jezabel, que operaba en conjunción con el calibrador activo acústico Julie. La siguiente versión de serie fue designada S-2C y estaba provista de una mayor bodega de armas, con ampliación hacia babor, y de sección de cola alargada para compensar el aumento de peso bruto. Muchos S-2A/B/C fueron posteriormente convertidos para su empleo como remolque de blancos y de transporte ligero, bajo las designaciones US-2A/B/C, respectivamente. Un pequeño número de S-2C fue también modificado para desempeñar misiones de reconocimiento fotográfico y recibió la designación RS-2C.

La segunda versión de cierta entidad fue la S-2D, cuyo primer ejemplar voló el 21 de mayo de 1959. Tenía alas de mayor envergadura, superficies de cola también mayores, capacidad de combustible incrementada y doble cabida de sonoboyas en cada góndola motriz, sumando un total de 32. La sección delantera del fuselaje fue asimismo alargada y ensanchada para mejorar el acomodo de los cuatro miembros de la tripulación. El S-2D comenzó a entrar en servicio en mayo de 1961, llegando a equipar a un mínimo de 15 escuadrones de la US Navy. Aquellos que posteriormente fueron modificados para transportar equipo de búsqueda más sofisticado recibieron la designación S-2E, cesando su producción en 1968 tras la entrega de un lote de 14 aparatos a la Real Armada australiana. Los ejemplares S-2B reacondicionados con el mismo equipo avanzado que el S-2E fueron designados S.2F. La compañía de Havilland Aircraf of Canada construyó 100 Tracker para la Real Armada canadiense, los 43 primeros como CS2F-1 y los restantes, provistos de equipos más avanzados, como CS2F-2 designados posteriormente CP-121.






Canadiense



Lucha contra incendios

Además de estas variantes del Tracker, se construyeron 87 TF-1 Trader de nueve plazas, destinados al suministro de la flota en navegación, y 88 E-1B TRacer, provistos de un radomo sobre el fuselaje que albergaba un radar de búsqueda modelo APS-82 para misiones de alerta temprana aerotransportada. La versión final del Tracker, designada S-2G, era similar a la S-2E, pero incorporaba un equipo más avanzado que le permitía operar desde los portaviones de la clase CVS hasta la entrada en servicio operativo del Lockheed S-3 Viking
Grumman produjo 1.185 Trackers, mientras que 99 aviones denominados CS2F fueron fabricados bajo licencia en Canadá por de Havilland Canada. Los Tracker fabricados en los Estados Unidos fueron exportados a muchos países, incluyendo Australia, Japón y Taiwán.
El Tracker fue eventualmente reemplazado en la Armada de los Estados Unidos por el Lockheed S-3 Viking y el último escuadrón de fue disuelto en 1986. Sin embargo, un número de Tracker continuó brindando excelente servicios como bomberos aéreos y en las fuerzas navales de otros países por muchos años más. A modo de ejemplo, los Tracker de la RAN (Royal Australian Navy, Real Armada Australiana) permanecieron en misiones ASW hasta mediados de la década de 1980.

Variantes:

  S-2A – Avión ASW. Primer modelo en producción
TS-2A – Versión de entrenamiento
US-2A – Conversión de S-2A en transporte.
  S-2B – Modificado para transportar el equipo acústico pasivo de largo alcance AQA-3 Jezebel
US-2B – Conversión del S-2B en transporte.
 S-2C – Versión con una bahía de armas agrandada y una mayor envergadura.
RS-2C – Versión de reconocimiento fotográfico.
US-2C – Conversión del S-2C en transporte.
 S-2D – Versión alargada.
 S-2E – Versión modernizada
 S-2F – Versión modernizada
CS2F-1 – Aviones ASW producidos en Canadá, 42 ejemplares construidos.
CS2F-2 – Versión mejorada del CS2F-1 equipado con equipos de navegación táctica de Litton Industries, 57 ejemplares construidos.
CS2F-3 – Denominación de los 43 CS2F-2 mejorados con equipos electrónicos adicionales.
CP-121 – Designación de los Tracker (CS2F-1,-2,-3) canadienses a partir de 1968.
S-2G – Última versión producida
S-2UP
S-2T Turbo Tracker – Tracker modernizados con turbopropulsores.
S-2AT – Versión de bombero aéreo.
S-2ET
Marsh S-2 Turbo Tracker
Conair Firecat o Turbo Firecat – Versión monoplaza de bombero aéreo.
Usuarios: Armada y Cuerpo de Infantería de Marina de los Estados Unidos, Royal Australian Navy, Fuerza Aérea Italiana, Armada Uruguaya, Aviación Naval Argentina, Força Aérea Brasileira, Fuerzas Marítimas de Autodefensa del Japón, Armada de la República de Corea, Servicio de Aviación Naval de Holanda, Marina de Guerra del Perú (Fuerza de Aviación Naval), Armada de la República de China, Taiwán, División Aérea de la Real Armada de Tailandia, Aviación Naval de Turquía y Armada Venezolana.





EN LA ARMADA ARGENTINA




Durante 1958 se pusieron en relieve las falencias del equipamiento antisubmarino de la Aviación Naval, con motivo de la presencia de submarinos no identificados en aguas argentinas. Lo que requirió la inmediata adquisición de aviones Tracker S-2A, que se incorporarían en 1962 junto con el portaaviones ARA "Independencia", desde donde operarían hasta su retiro, en que sería reemplazado por el ARA "25 de Mayo", en el que se alistarían inmediatamente. Con su incorporación se crea la Escuadrilla Aeronaval Antisubmarina, con asiento en sus comienzos en la Base Aeronaval Punta Indio y luego en la definitiva Base Aeronaval Comandante Espora.

Los Tracker a fines de 1978 serían desplegados a bordo del portaaviones y a bases aeronavales, hacia la zona sur del país con motivo del conflicto limítrofe con Chile, realizando vuelos de exploración antisubmarina y antisuperficie. La permanente operación y los avances tecnológicos, determinaron la necesidad de actualizar los medios, lo que se materializó con la adquisición de los Tracker en su versión S-2E, que se integrarían en las operaciones embarcadas junto a los viejos S-2A, que serían modificados a la versión utilitaria, que le permitió llevar a cabo numerosas tareas, como el remolque de blancos, spotting, adiestramiento multimotor, enlace, etc., con lo cual serían transferidos a la 2ª Escuadrilla Aeronaval de Propósitos Generales. 
Las dos versiones operaron desde el portaaviones "25 de Mayo" hasta su puesta en reserva a fines de los años 80.

Allí se decidió instrumentar un programa de mejoras y extensión de la vida útil de los Tracker.

El programa TATA (Turbinización A Trackers Argentinos) significó el cambio a pistón por turbohélices. El nuevo modelo se denominó S-2E (T) Turbo Tracker. Ello fue posible merced a los fondos ya depositados por el programa Hope (adquisición de A-4E's), que fue bloqueado por el embargo estadounidense.
Actualmente el programa está en su última fase, con la mayor parte de los aparatos convertidos o en proceso de hacerlo.

La diferencia más visible es su planta motriz. Los motores originales de pistón fueron reemplazados por sendos turbohélices, amén de modificaciones a su carga portante, especialmente en el refuerzo de las estaciones subalares. Estos refuerzos le permiten llevar torpedos antisubmarinos.
Además, se efectuó una modernización y recorrida de los sistemas electrónicos y sensores.

Estos aviones están preparados para operar embarcados, para lo cual cuentan con un tren de aterrizaje reforzado, puntos de toma para estrobos y gancho de cola. Un patín suplementario de cola lo coloca en posición "nariz arriba" para los catapultajes.
La israelí IAI modificó el 23 en la planta de Shaman que operó para este trabajo en conjunto con Marsh Aviation. El contrato de u$s 30 M contemplaba la modernización de un avión completo en Israel, la entrega de cinco paquetes de conversión y el know-how necesario para que el TAC continuara con los trabajos en la Argentina. Los poco eficientes R-1820-82C fueron reemplazados por 2 Garrett TPE 331-15AW de 1645 HP, con nacelas mejoradas desde el punto de vista aerodinámico y hélices de cinco palas con paso totalmente reversible y construidas con materiales compuestos. Un sensor de torque negativo reduce considerablemente la carga de trabajo del piloto durante los procedimientos de falla de un motor.IAI-Marsh denominaron al Tracker convertido para el COAN como S-2UP Tracker.

Hacia Marzo de 1982, los Tracker son embarcados en el ARA "25 de Mayo", desde donde realizan durante los días previos y subsiguientes a la recuperación de las Islas Malvinas, vuelos de exploración antisubmarina y antisuperficie. Fue durante una navegación de la Flota de Mar, que un Tracker contactó a la Flota británica, iniciándose la planificación de un ataque aéreo, que no pudo concretarse debido a las condiciones meteorológicas, aún así los vuelos de exploración de S-2E continuaron sin resultado, hasta que durante el regreso de la flota al apostadero, es localizado un submarino no identificado y atacado por un Tracker con torpedos, sin que se evidenciaran impactos, sin embargo información británica menciona que un submarino Clase Oberon fue dañado durante el conflicto. 

Los S-2E serían redesplazados a la Estación Aeronaval Río Gallegos desde donde volarían recabando información sobre la localización de unidades enemigas para permitir el cruce a los medios propios, además de realizar vuelos de verificación de costa, de búsqueda y rescate de naufragios y aviadores derribados, siendo detectados e interceptados sin éxito en varias oportunidades por aviones Sea Harrier, durante todo el conflicto.

Los S-2A fueron destacados inmediatamente a Tierra del Fuego desde donde realizaron vuelos de verificación de costa, de exploración de superficie, de búsqueda de naufragios, quizás la más importante en las que intervino fue en la localización de los supervivientes del crucero ARA "Gral. Belgrano".

En 1987 los S-2A cumplieron el 25 Aniversario de su incorporación, con este motivo el 2-G-51 fue pintado con uno de los esquemas de pintura más espectaculares de la aviación militar argentina y la Escuadrilla recibió la visita del escuadrón VS-41 Shamrocks de la USN, que había sido el encargado de impartir el adiestramiento al personal argentino haya por 1962. Al año siguiente los S-2A finalizaban su servicio activo en la Aviación Naval, luego de haber operado a bordo de varios portaaviones estadounidenses, el canadiense HMCS "Bonaventure", el francés MNF "Clemenceau" y en los dos portaaviones que ha tenido la Argentina; siendo asignados al Museo de la Aviación Naval, en donde aun se conserva al 2-G-51 en vuelo. 

Para cumplir con el rol asignado, el Tracker cuenta con los siguientes sistemas electrónicos:Radar de búsqueda en descubierta APS-88A, luz Leight o faro de búsqueda AN/AVQ-2C, MAE (contramedidas electrónicas) AN/ALD-2B, radar altímetro APN-117 bajo el faro de búsqueda, MAD (detector de anomalías magnéticas) AN/ASQ-10 en el cono de cola, AQA-3 Jesebel (equipo acústico de detección pasiva), AN/ARR-52 Julie (receptor de sonoboyas activas), sniffer ANASR-3 para “oler” los gases de escape del posible blanco y doppler AN/APN-153 (V) necesario para medir la velocidad sobre superficie y la deriva del rumbo previsto. Las sonoboyas activas SSQ-47B constituyen los sensores del sistema Julie.
En la bodega de armas se carga un único torpedo buscador activo Mk. 44 o A244S Whitehead, en tanto que en los seis soportes subalares es posible montar cargas de profundidad, bombas o lanzacohetes LAU-68A con cohetes FFAR con cabeza HE de nueve kilogramos.Los datos se procesan con la computadora táctica ACS COTAC de diseño nacional, y la navegación de precisión sobre el mar se lograba con el VLF/Omega Global 500.
En la actualidad el Tracker ha perdido el protagonismo que tuvo en otras épocas, debido fundamentalmente a la desaparición del portaviones y a la incorporación de los P-3B Orion. Estos últimos poseen el escalón siguiente en sistemas de ASW, una autonomía sensiblemente mayor, casi cuatro veces más de carga ofensiva y cuatro turbohélices que permiten variados perfiles operativos.





EN MALVINAS (resumen)


La Escuadrilla integró la Unidad de Tareas 80.2.2, estando subdividida en los Elementos de Tareas 80.2.2.1, dotado con aviones S2-E e integrado por el grueso de la Plana Mayor y Personal de la propia Escuadrilla, y 80.2.2.2 cuya dotación fue integrada con personal y oficiales de otros destinos y algunos cedidos por la Escuadrilla, operando aviones EMB-111 BANDEIRANTE Durante el período en que la Unidad permaneció embarcada en el Portaaviones A.R.A. "25 DE MAYO" como componente de la Fuerza de Tareas 79 su misión fue “Ejecutar Operaciones Navales de Exploración Antisuperficie y de Apoyo Aéreo Antisubmarino Cercano, a fin de proteger a las Unidades de Superficie de la Fuerza de Tareas”. Cumpliendo también, vuelos de apoyo al Aviso A.R.A. "ALFEREZ SOBRAL", luego que fuera atacado por helicópteros ingleses.




A partir del 13 de mayo pasó a integrar la Unidad de Tareas 80.2.2 compuesta por los Elementos de Tareas 80.2.2.1 (S2-E TRACKER) y 80.2.2.2 (EMB-1l1 BANDEIRANTE) con asiento en la Estación Aeronaval RIO GALLEGOS, que como integrante del Grupo de Tareas 80.2 efectuó Operaciones de Apoyo Aéreo Cercano y de Información, a fin de dar protección a las Áreas focales de RIO GALLEGOS y RIO GRANDE.

El criterio de utilización de los medios fue emplear los EMB-111 para el cubrimiento permanente del área de búsqueda asignada (en función de su mayor autonomía) tendiendo a obtener la detección inicial de presuntos incursores y efectuar una clasificación temprana que luego sería ampliada por los S2-E con sus mayores posibilidades técnicas, tratando de obtener la Trayectoria de aproximación. Eventualmente los Tracker darían apoyo a buques que penetraban el bloqueo de la Zona de Exclusión.

El conflicto sorprendió a la Escuadrilla en una etapa de bajo nivel de adiestramiento tanto de pilotos como de operadores y personal de mantenimiento. Las condiciones de alistamiento de los medios no eran las más favorables tampoco, ya que lo imprevisto de la contienda no permitió planificar el mantenimiento en función de disponer a la fecha de la mayor cantidad posible de aeronaves en servicio, para lo que hubo que realizar un esfuerzo por parte de los distintos niveles de apoyo para, en forma gradual, ir alistando los aviones.

Esta labor consistió fundamentalmente en reacondicionar los radares y equipos de alarma electrónica de los S2-E, y desarrollar, instalar y evaluar un equipo capaz de detectar los radares enemigos, medida ésta importantísima por el empleo táctico que se le dio en las operaciones y que en muchos casos los salvó de una destrucción segura. Así fue como se improvisó un MAE con equipos de laboratorio adaptados para las circunstancias, que fueron montados en los S2-E como complemento de su propio MAE y en los Bandeirante como único medio de alerta.



La Escuadrilla Aeronaval Antisubmarina en Malvinas:

La Escuadrilla utilizó cinco de los seis aviones antisubmarinos Grumman S-2E “Tracker” asignados, participando desde el comienzo de las operaciones con tres aviones embarcados en el Portaaviones ARA “25 de Mayo”.

Una vez reducida la guarnición enemiga por las tropas de nuestra Infantería de Marina, el día 3 de abril aterrizan dos aviones Tacker en la pista de Puerto Argentino, constituyéndose de esa manera en la primera unidad orgánica en operar desde ese aeródromo. Desde allí se realizan algunos vuelos de exploración y antisubmarinos para protección del tráfico mercante propio hacia las islas, hasta que entre los días 12 y 13 de abril se repliega esta unidad para embarcarse nuevamente en el portaaviones como parte de las Fuerzas de Tareas Aeronavales argentinas. Es a partir de aquí que se comienzan a realizar numerosos vuelos de búsqueda de la fuerza enemiga y de protección de la flota.

Entre los días 3 y 13 de abril de 1982, inmediatamente después de la toma de las Islas Malvinas, se destacan en el Aeródromo de Puerto Argentino los aviones 2-AS-22 y 25. Pero dado que conceptualmente el Tracker está destinado a la lucha antisubmarina, la imposición de operaciones antisuperficie casi con exclusividad obligó a poner mucha dedicación en el radar APS-88A y los equipos de alarma electrónica ALD-2B. Y en los días 5 y 6 de abril se instalaron en el TAC (Taller Aeronaval Central) ubicado en la BAN Cte. Espora, equipos MAE con capacidad para detectar emisiones de los radares type 965, comunes en la flota británica, y analizadores espectrales Tectronics TL-13. Estos últimos, a pesar de no ser equipos aeronáuticos, junto con los MAE le dieron al sistema de armas Tracker un aumento comprobado en las probabilidades de supervivencia en un ambiente electrónico hostil, típico de la guerra moderna. Para la puesta a punto de estos sistemas, se realizaron maniobras con los buques A.R.A Hércules y Santísima Trinidad, semejantes a los destructores británicos tipo 42, a fin de precisar datos sobre las aproximaciones bajo el lóbulo del radar durante los vuelos de exploración antisuperficie.

El 1ro. de mayo un avión de esta escuadrilla toma contacto directo con una disposición de buques enemigos y se alista el Portaaviones ARA "25 de Mayo" para atacar con los cazabombarderos A-4Q que se hallaban a bordo. Inmediatamente otro Tracker despega para colaborar en la exploración en contacto del enemigo y, luego de lograrlo, es perseguido por aviones de caza Ingleses sin que estos puedanalcanzarlo. Desafortunadamente, las condiciones meteorológicas reinantes harían imposible el ataque de los A4Q a estas fuerzas Inglesas, las cuales se encontraban a 100 Millas náuticas al Noroeste de Puerto Argentino

Los vuelos continúan durante los días subsiguientes, pero pierde contacto con el enemigo, aunque se mantiene mediante sensores de largo alcance, la certeza de su presencia en la zona.
El 5 de mayo se realiza un vuelo de búsqueda y rescate para localizar al Aviso ARA “Alférez Sobral” el que había sido atacado, pese a su condición de hospital, por helicópteros Ingleses, y en el transcurso del mismo se localiza y ataca con torpedos MK-44 SW a un submarino no identificado (2-AS-23 - Teniente de Navío Carlos E. Cal / Guardiamarina Gustavo Ferrari / Suboficial Segundo Rodolfo Lencina / Cabo Segundo Enzo Panaritti).

En razón de este acontecimiento, desde el ARA "25 de Mayo"se envían refuerzos y las acciones continúan a cargo de un helicóptero “Sea King” y otro avión Tracker (2-AS-24 - Teniente de Navío Enrique Fortini /Teniente de Navío Carlos Ferrer), el cual efectúa un nuevo lanzamiento de torpedo al posible blanco. Si bien se presume clase y nombre del submarino detectado, no se lograría comprobar el resultado de ambos ataques.

Días después se replantea la estrategia a seguir y la escuadrilla se traslada con sus equipos y personal a la Estación Aeronaval de Río Gallegos, donde se reacondiciona y reactiva este viejo aeródromo y comienzan los vuelos de exploración de la superficie del mar hasta las Islas Malvinas. Despegando de noche y en condiciones meteorológicas adversas, se cumplen eficazmente más de 100 misiones de este tipo, asegurando la defensa del litoral donde estaban basados los aviones de caza y ataque de la Armada y de la Fuerza Aérea Argentina y proveyendo información de sumo valor para las fuerzas argentinas.

El 23 de mayo se incorporan a la unidad dos aviones brasileros EMB-111 “Patrulha” que amplían el alcance de los "Tracker" y permiten la exploración al Este de las Islas, continuándose con los vuelos y, en especial, con la misión de asegurar la ausencia de buques piquetes radar en el camino de los transportes aéreos y de la aviación de ataque argentina.
Conocida la caída de Puerto Argentino el 14 de junio se continúa con los vuelos hasta que la unidad se repliega a partir del 23 del mismo mes a su base asiento en Bahía Blanca.
A pesar de operar en condiciones extremas y adversas de capacidad, la escuadrilla no sufrió la pérdida de ningún avión ni registró ningún accidente durante toda la campaña.
Los Tracker volaron en los 90 días que duró el conflicto 800 h en 112 misiones y, operando bajo condiciones y lineamientos ajenos a los habituales, sin sufrir bajas. Las lecciones del conflicto llevan a la incorporación de una computadora táctica de diseño totalmente nacional en 1983, que reemplazó la obsoleta AN/ASN-30. 
Por “ejecutar en forma destacada sucesivas misiones de exploración, proveyendo importante información, bajo condiciones meteorológicas adversas y excediendo los límites normales operativos”, la bandera de guerra de la escuadrilla, fue condecorada por “Honor al Valor en Combate”.


Fuentes: 
desarrolloydefensa 
histarmar

Testimonio del comando que guió la toma de Malvinas


Su foto dio vuelta al mundo. Fue tapa de la revista Gente y de otras de distintas partes del mundo cuando la Argentina recuperó las Islas Malvinas el 2 de Abril de 1982. Con una pistola ametralladora y el rostro enmascarado, el SMIM en aquel entonces, Cabo Principal formaba parte de la Agrupación Comandos Anfibios de la Infantería de Marina, una agrupación de elite que hiciera el desembarco y tomara las Islas perdiendo la vida en combate el Capitán Giachino. Batista vive en Colón, y allí lo entrevistamos. 


Por Fabián Miró
fmiro@eldiadegualeguaychu.com.ar




Lo recordábamos de uniforme y resultó extraño verlo de civil. Jacinto Eliseo Batista nos recibió en su domicilio en la ciudad de Colón, ya retirado de la fuerza pero no jubilado, como se ocupara de aclararlo en más de una oportunidad. Batista integró el grupo de comandos que desembarcó en las islas en la noche del 1º de abril de 1982.



Ingresó a las FFAA en 1965, clase 50. Cumplió los 15 años en la isla Martín García, donde se alistó en la fuerza naval. Quería el cambio a la Infantería de Marina, pero entre tanto, surgió la posibilidad de incorporarse al rompehielos San Martín. Trabajó como explosivista, luego ingresó a la Escuela de Suboficiales. Su carrera continuó normalmente y en el año 2002 fue encargado de la fuerza.
Sobre la toma de Malvinas, le preguntamos:




- ¿Cuándo se realizó exactamente el desembarco?

- A las 21 hs del día 1º, aproximadamente. La agrupación de Comandos anfibios más algunos buzos tácticos habíamos embarcado en la Santísima Trinidad y se desembarcó en Playa Verde. Buscamos aproximadamente la playa a las 22 hs pisando suelo de Malvinas




- Hubo resistencia.

- Inicialmente no, porque se evadió la fuerza que nos estaba esperando. En un lugar que inicialmente teníamos como desembarco había una ametralladora con 3 ó 4 hombres que nos estaban esperando. Pasamos a muy poca distancia de ese grupo de ametralladoras. Mi misión concreta era hacer de guía de desembarco y una vez en tierra, continuar como explorador. La fuerza que normalmente está en misión de combate tiene un explorador, detrás va el navegador - que en este caso fue el suboficial Camargo (actual suboficial principal) - y después viene el resto. Nosotros íbamos junto con el grupo de Giachino hasta un punto en el cual se hacía un desvío. La unidad de tareas de Giachino se dirigió a la casa del gobernador y el grueso se dispuso a tomar el cuartel de los marines ingleses. A lo largo de la noche, durante la aproximación, hubo que rehacer la navegación terrestre porque no desembarcamos en la playa que habíamos elegido originalmente, sino más a la izquierda.



Batista elogió el trabajo del navegante: “Espectacular. Fuimos comprobando los puntos a través de la navegación perfectamente en la noche oscura que tuvimos. Pasamos a muy poca distancia del grupo de ametralladoras que nos estaba esperando en la playa. Pedimos autorización para tomarlos, cosa que fue denegada, primero porque no tenía que haber bajas y segundo porque no querían que se devele la operación. Pero los ingleses ya sabían que habíamos lanzado el desembarco, porque cuando subí a la cubierta de la fragata para que me baje la grúa junto con el bote, observé un montón de luces, y una que se reflejó en el agua, lo que me dio la pauta de que lo que estaba a muy corta distancia de la playa era un Jeep con 4 hombres y una ametralladora, esperándonos”.




- ¿Todos con visores nocturnos?

- No, el único que a partir de la playa tenía visor nocturno era yo. Por eso era el guía de la agrupación, el explorador. El explorador va adelante, siguiendo a su vez al navegante, que es el que va siguiendo el rumbo marcado; uno se maneja sin hablar nada. Después de pasar las ametralladoras, vino un jeep, creo que con 3 ó 4 hombres. Hice rodilla a tierra y el vehículo pasó a muy poca distancia, quedando el grupo cubierto por un pastizal muy alto. Zonas con turba dificultaron la marcha y cedía el terreno. Había previsto eso, y bajé sólo con municiones, granadas, elementos de combate, dejando la mochila y la ración. Estábamos muy bien entrenados llegamos perfectamente. Una vez que se izó la bandera en el cuartel, nos dirigimos al tiroteo en la casa del gobernador.



Fui con otros suboficiales adelante de la agrupación, y en la primera casa ya habíamos quedado combinados que íbamos a hacer combate de localidad; por lo tanto, rodeamos la casa. Fui por el frente y tomé a un francotirador de los ingleses que nos estaba esperando. Se sorprendió porque lo agarré desde atrás de una ventana. El soldado en cuestión estaba cubriendo el camino por donde venían los nuestros. Lo saqué afuera, lo dejé cuerpo a tierra, tiré la munición y el fusil e hice una señal de apoyo para que lo cubrieran por el fuego. Seguí adelante; hasta ese momento se escuchaban pocos disparos. Muy próximo a la casa del gobernador había unos matorrales muy tupidos y pastizales. Y un caminito donde habían puesto trampas cazabobos. Tomé entonces a dos Royal Marines que nos estaban esperando con todo. Se veía que estuvieron toda la noche aguardando nuestra llegada bien pertrechados y armados. Esta gente se sorprendió mucho. Luego, dejé a los prisioneros a cargo de otro comando que vino un apoyo y seguí hasta la casa del Gobernador. Al aproximarme más, vi mucha gente en posición en la línea tamarisco y me puse en la misma línea de ellos. Encontré a 4 personas, una de ellas el segundo jefe de Marines, en un descampado al lado de la bandera, saliendo de la casa del Gobernador. Los cubrí con la ametralladora y le pedí que se acercaran. Uno de ellos le pedía a sus subordinados que salieran y dejaran las armas, pero no le respondían favorablemente. Entonces, pedí apoyo a nuestra agrupación que estaba desplegada totalmente; me puse del otro lado del segundo jefe de los Marines, y en ese momento, los ingleses entregaron las armas. Vi en ese momento a los heridos, el Capitán Giachino, el Teniente de Fragata García Quiroga y el Cabo Segundo Enfermero Urbina. No me pareció que era tan grave lo de Giachino, porque era el que más conciente estaba. No se quejaba. Le toqué la cabeza y le dije: "qué te pasó, Pedrito”.



“Vimos que estaban los ingleses quemando documentación, así que le saqué de la parca (campera de abrigo) una carta de operaciones al comandante británico. Me reuní con nuestro Jefe de Operaciones, el Capitán Robles, y le informé de la situación y los heridos.

Un grupo de oficiales los llevó en un jeep hasta el buque hospital. Giachino tenía una herida en la femoral y lamentablemente se desangró. Estaba muy pálido pero bien consciente. No pudimos salvarlo a tiempo.




Cumplió con su misión

Batista fue claro al referirse al Capitán Ggiachino, muerto en la toma de Malvinas.

“Giachino cumplió con su misión, que era tomar la casa del Gobernador. Sufrió una emboscada; estaban tirando del otro lado, desde arriba. No fue Giachino solo, ya que si se mira bien en las fotos de la casa del Gobernador, había agujeros de todos lados.

Giachino era una persona muy calma, así que no creo que haya ocurrido un apresuramiento. Era una persona que siempre iba al frente.




- ¿Cuando se les avisó que esta era una operación real?

- Cuando estábamos en altamar. Nos mostraron fotografías aéreas y nos dimos cuenta de que era una situación real, aunque algo preveíamos porque en la agrupación veníamos haciendo muchos trabajos con botes, navegación nocturna, salida del agua teniendo en cuenta el ruido de los motores, ver si se escuchaba o no...



- ¿Hubo apoyo satelital?

- Nada. Fotografía aérea había algunas, cartografía pocas.


- ¿Ninguno de ustedes había estado en Malvinas con anterioridad?

- Que yo sepa, no.


Alguien cambió lo planeado

- La orden fue contundente: no tirar.
- Así es, evitar por todos los medios producir bajas.


- Algo muy difícil en una situación bélica real...
- Vamos a partir de una base. La “operación Rosario” fue una operación anfibia impecable desde el punto de vista táctico. Se cumplió el objetivo: no producir bajas enemigas, izar la bandera argentina y dar tiempo a negociar. Lo que pasó después es otra historia que habría que preguntársela a los señores que cambiaron lo planeado, porque todo terminaba con la “operación Rosario”. Parece que se cambió todo sobre la marcha y no se previeron muchas cosas, porque si realmente se hubiese pensado en un primer momento resistir hasta lo último, la flota inglesa posiblemente no hubiese llegado a Malvinas porque a la altura de Brasil hubiera tenido que empezar a recibir el bombardeo de la Fuerza Aérea Argentina. Y si realmente se hubiese tenido la certeza que se iba a defender hasta lo último, se tendría que haber fortificado la isla. Nosotros tenemos el cañón Sofman de 155 mm con un alcance de 18 kilómetros y teniendo en cuenta la topografía de Malvinas, con ingenieros, poniendo a funcionar las fábricas de cemento, maquinarias y llevando todo eso a Malvinas y haciendo fortificaciones reales para una defensa costera, creo que nunca hubiesen desembarcado, porque incluso sin nada de ello se les dio muy buena batalla. Sólo se llevaron a la isla 3 cañones de ese alcance y el resto de la artillería estuvo compuesta de obuses 105 mm con un alcance de 10 ó 12 km.


- Usted volvió a Malvinas después de la operación Rosario.
- No, estuvimos permanentemente patrullando en el continente por la amenaza chilena que teníamos.


- ¿Le sorprendió que a 20 años de Malvinas, algunos militares chilenos declararan que su país brindó información a los ingleses?

- No, porque ya lo sabía en ese momento. Cada avión que salía del continente era monitoreado y se avisaba a la flota inglesa permanentemente. Eso no lo pueden negar los chilenos. Es indiscutible, y además, no podíamos esperar otra cosa de un país expansionista como Chile.



- EL BIM 5 con asiento en Río Grande conocía el terreno, estaban acostumbrados a la turba y fue uno de los batallones más destacados, elogiado por los propios ingleses.
- Ese Batallón 5 tuvo refuerzos del Batallón 3 como también de la compañía de Ingenieros y la Batería de Artillería de Campaña. Y sí, fue reconocido por los mismos ingleses como una fuerza extraordinaria. Los británicos no podían creer que una compañía haya frenado a una Brigada. Un comandante inglés le preguntó al Almirante Robassio, que en ese momento era el comandante del Batallón 5, que le explique cómo habían hecho. No entendía, no le encontraba lógica al hecho de que una compañía frenara a tanta gente. Cabe acotar que la Brigada enemiga cayó en un campo minado, bombardeada toda la noche con morteros, obuses y todo lo que teníamos.


El desmantelamiento de las FFAA


Le preguntamos luego qué opina del desmantelamiento de las FFAA después de Malvinas.
Responde:


“yo le pregunto a usted como ciudadano y a todos,, si se dan cuenta de que estamos rodeados de países como Chile, que permanentemente está perdiendo terreno por el océano, un país expansionista que tiene necesidad de contar con más superficie. Tenemos una fuerza completamente desmantelada, que si bien se ha modernizado, es chica aunque con un poder de fuego mucho más potente que antes. La Infantería de Marina a través de la modernización adquirió una potencia muy superior a lo que era antes, pero también bajó su número de gente.



- ¿Qué piensa hoy de Malvinas? ¿Qué significó para usted?
- Para mí fue un deber. Hoy tiene que ser un deber para la parte política recuperarla a través de las negociaciones.


- ¿Perdió muchos amigos en Malvinas?

- Unos cuantos. Mucha gente conocida que murió en el Crucero Belgrano, y personal que había conocido en distintos destinos.


- Es increíble que un 2 de Abril se tome como un feriado trasladable. Es humillante.
- Sí, no solamente por el 2 de abril, hay muchos feriados que terminan siendo humillantes y máxime que se corra por un problema económico.


- Argentina se acuerda de Malvinas solamente el 2 de abril.

- Yo creo que no todos, pero indudablemente el 2 de abril poca gente se acuerda de Malvinas. Es más, muchos no saben ni por qué se hizo lo que se hizo. Que después se hicieron mal las cosas, estoy de acuerdo, pero siempre voy a reivindicar como una acción importante la toma de Malvinas. El resto... no tenía que haber sucedido. Tantas muertes..., cuando el objetivo ya estaba cumplido: izar la bandera, tomar Malvinas y forzar una negociación



Armas
“Cuando tomamos las islas, teníamos muy pocos elementos de visión nocturna. Después, el resto era armamento inglés. La agrupación Comandos Anfibios es una agrupación especial dentro de la Infantería de Marina. Es la primera que recibe armamento especial para el tipo de operaciones que tiene que hacer. A veces se hace escape de submarino y hay que ir con armamento de volumen de fuego. Nosotros bajamos en Malvinas con pistolas ametralladoras Sterling (9mm), fusiles Fal y Fal Para (7,62mm) con lanza granada, granadas de mano (fabricación argentina) y pistola la Browning 9 mm. 





"Cómo fue el 2 de abril, contado por el hombre que hizo rendir a los ingleses"


(Por Guido Braslavsky, Clarín, 1º de abril de 2002, Buenos Aires, Argentina)

Jacinto Batista es el símbolo de la toma de las islas, en 1982. A semanas de su retiro, recordó ese día en un diálogo con Clarín, en la base de la Armada de Puerto Belgrano.

"Teníamos orden de no matar", dijo.



Lleva un gorro de lana, el rostro ennegrecido con pintura de combate y la actitud resuelta. El fusil le cuelga del hombro, asido con la mano derecha, mientras con el otro brazo ordena la fila de tres fornidos prisioneros ingleses, manos alzadas, rendidos. Jacinto Eliseo Batista es el protagonista de esa foto que dio la vuelta al mundo, transformándose en un símbolo de la toma de Puerto Argentino, aquel 2 de abril de 1982. Veinte años después, a punto de cumplir 52 y a menos de dos meses de pasar a retiro luego de 35 años en la Armada, el suboficial mayor Batista enciende su cuarto cigarrillo en la temprana y húmeda mañana de Punta Alta y asegura: "No tengo nostalgias de Malvinas. Fue una etapa en mi vida y en mi carrera. Hubo una orden y se cumplió. Para eso nos paga el Estado".



No todos los integrantes de la Agrupación de Comandos Anfibios que rindieron a los británicos sienten probablemente del mismo modo que este entrerriano de Colón, que asegura que no tendría interés en regresar a Malvinas como invitado o como turista. Aunque cabe creerle cuando afirma que "si el Estado me manda recuperarlas otra vez, allí estaría". Es que, como todo soldado de elite, Batista está hecho de una madera especial. Los comandos anfibios son al mismo tiempo buzos, paracaidistas, comandos y expertos en reconocimiento en agua y tierra. Aprenden a caminar dormidos, a exigirse, a soportarlo todo. Soldados formados para la guerra, son el reverso de tantos chicos que no eligieron Malvinas como destino, ni vivir una guerra ni morir en ella.

Quizá por eso Batista nunca tuvo miedo. Ni en el arranque, cuando embarcaron en Puerto Belgrano en la fragata "Santísima Trinidad", con rumbo desconocido, aunque ya todos sospechaban que iban a Malvinas a ejecutar una operación real.


El único muerto en esa acción —el primero de la guerra— fue el capitán Pedro Giachino. "Cuando llegué ya estaba herido. Había entrado a la casa y al salir, le dio un soldado que disparaba desde una línea de árboles cercana. Le pregunté, ''qué te pasó, Pedrito'', y le toqué la cabeza. Estaba consciente, pero muy pálido; había perdido mucha sangre y se estaba muriendo."

Batista no recuerda en qué momento, en ese día frenético, el fotógrafo Rafael Wollman lo captó junto a sus prisioneros. Sabe, sí, que esa imagen es un retrato implacable del orgullo herido del viejo león imperial. "El 14 de junio andarían buscándome con la foto en la mano para sacarme con los brazos arriba", supone, sonriente.

Pero el cabo principal Batista ya no estaba en Puerto Argentino el día de la caída. Ese mismo 2 de abril los comandos volvieron al continente. Batista jamás regresó a las islas, aunque estuvo a punto de hacerlo, producido el desembarco británico, en una misión de infiltración que fue abortada con el Hércules carreteando en la pista.

Porque los ingleses vinieron y pelearon. En los años 50, a propósito de Chipre, el escritor inglés Lawrence Durrell definió con ironía lo que llamó la proposición colonial central: "Si uno tiene un Imperio no puede entregar trozos del mismo cada vez que se los piden". Y menos por la fuerza, al estilo de Galtieri y la cúpula militar argentina, en cuyos cálculos erróneos jamás estuvo la reacción británica.


Los británicos no eran mejores que nosotros. Tuvieron, sí, más medios y apoyos. De los norteamericanos y los chilenos. Pero si la Argentina hubiese tenido la firme convicción de pelear...", dice Batista, y deja la frase por la mitad, como interrogante.

Y vuelve a que Malvinas fue una etapa, "obligación y premio" en su carrera, en la que alcanzó la máxima jerarquía y el mayor cargo al que podía aspirar, encargado de componente de la Infantería de Marina. A días del retiro, no oculta una decepción: para la ley dejará de ser veterano y de cobrar el suplemento de 350 pesos.

Para Batista empieza la "etapa personal" junto a su familia, que hace seis años, después de acompañarlo siempre en distintos destinos, echó anclas en Colón, ciudad natal de él y de su esposa, Elsa Marina Matei. También lo esperan allí sus tres hijas, Andrea (21), Nadia (17) y Bárbara (13).

De la vida militar va a extrañar dos silencios únicos. El que sigue a lanzarse en paracaídas, idéntico, asegura, al del "escape" del submarino, porque las máquinas se alejan tan rápido que sólo queda el hombre, la inmensidad, y ese silencio. De Malvinas, tendrá por siempre una convicción, que expresa, de verdad, sin nostalgias:
"Son argentinas y alguna vez volverán a nuestro dominio".

Fin de la Nota a "Jacinto Eliseo Batista"