miércoles, 23 de noviembre de 2011


Fuerzas Especiales En La Guerra de Malvinas

Mayor Gustavo Adolfo Tamaño, Ejército Argentino

El conflicto del Atlántico Sur ha brindado lecciones importantes para las Fuerzas Armadas no sólo de las naciones beligerantes, sino para los militares de cualquier nación que mantiene una fuerza moderna. Una de esas lecciones se relaciona con el empleo adecuado de las Fuerzas Especiales, cuyo papel en dicho conflicto resultó ser de gran importancia por cuanto le permitió al Ejército argentino salvar vidas y lograr significantes victorias tácticas sobre la fuerza británica. El autor expone el accionar de estas tropas en las islas Malvinas, en un artículo que en sí constituye un argumento contundente por la creación y mantenimiento de un fuerte componente especial en toda fuerza militar.


"Los cuadros y tropas en tierra también actuaron estupendamente. Buena, muy buena artillería y muy buena también las posiciones de ametralladoras, determinadas a quedarse hasta agotar totalmente la resistencia. Tal es así que, en algunos casos, los argentinos tuvieron que ser prácticamente arrancados de sus puestos, a los que se aferraban como una ostra a su concha".


General de Brigada Jeremy Moore
Comandante de las Fuerzas Terrestres Británicas en la Guerra de las Malvinas

Orígen y propósito de las Fuerzas Especiales


LAS FUERZAS Especiales surgieron de la necesidad de complementar las operaciones militares, mediante acciones de carácter particular que apoyasen el esfuerzo principal.
Las misiones más comunes que se encomiendan a este tipo de tropas son: obtener información; atacar líneas de comunicación y abastecimientos; atacar sistemas de comando, control y comunicaciones del enemigo; eliminar o capturar objetivos de gran trascendencia, incluyendo líderes militares enemigos y recuperar personal propio.



Los "Rangers"


El empleo de este tipo de tropas, puede rastrearse a lo largo de la historia militar.
En la segunda mitad del siglo XVIII, durante el conflicto que mantuvieron las fuerzas francesas y británicas en América del Norte, hizo su aparición entre las filas inglesas un nuevo tipo de fuerza.
Ésta estaba constituida por colonos, mayormente tramperos, que cazaban sus presas en los espesos bosques de la región.

Estas tropas especiales se organizaron y denominaron "Comandos". Eran capaces de efectuar profundas incursiones en el territorio francés, sin necesidad de contar con un apoyo logístico que restringiera su libertad de acción.

Los "Rangers" emprendieron verdaderas operaciones de castigo sobre las naciones indias que apoyaban el esfuerzo bélico francés, así como emboscadas a las columnas de abastecimiento y guarniciones aisladas.

Estos colonos podían marchar largas distancias por los espesos bosques y sobrevivir con lo obtenido de la caza. Sin embargo, los comandantes británicos miraban con cierto recelo estas tropas especiales, cuyos métodos se asemejaban mucho a los de los indígenas, tanto en habilidad para combatir, como en barbarie.

Los "Rangers" se caracterizaban por su habilidad de abrir fuego individual con la mortífera puntería propia del cazador, desde posiciones cubiertas, aprovechando los frondosos bosques de la región. Durante la Guerra de la Independencia Americana, los británicos comprobarían la efectividad de este procedimiento cuando se empleaba contra las cerradas columnas británicas desplazándose por los estrechos caminos flanqueados de bosques.


Los "Comandos"


A fines del Siglo XIX y principios del actual, Sudáfrica se vio envuelta en el conflicto que se conoce como la Guerra Anglo-Bóer. Los bóers, descendientes de los primitivos habitantes holandeses de El Cabo, eran diestros jinetes y hábiles tiradores.

Para enfrentar a las superiores y bien equipadas fuerzas de Su Majestad, organizaron grupos montados de reducido tamaño, veloces en su desplazamiento y desprovistos de todo impedimento logístico.

Estos grupos efectuaron profundas penetraciones, hostigando las columnas británicas y pequeñas guarniciones.

La sorpresa y la emboscada, así como su mortífera puntería con los excelentes fusiles Mauser, se transformaron en una pesadilla para las tropas inglesas, particularmente para las encargadas de transportar suministros.

Los bóers fueron hábiles conocedores del terreno, y con sus rápidos movimientos, se transformaron en un insidioso enemigo que obligaba a los británicos a prestar fuertes escoltas a sus columnas de vituallas.

La amenaza que significaban estas partidas integradas por los granjeros bóers, llevó incluso a los británicos a desarrollar trenes de carreteras blindados.
Estos precursores de los tanques, consistían en un tractor de vapor que traccionaban uno o más carruajes protegidos por blindajes.



Fuerzas Especiales durante la Segunda Guerra Mundial


En este conflicto las tropas especiales, y particularmente los "Comandos" se constituyen en un importante apoyo complementario al esfuerzo principal. Una vez derrotada Francia por el impetuoso ataque alemán, y con una Gran Bretaña restañando los efectos de la acelerada evacuación de Dunkerque, las fuerzas del III Reich mantenían un absoluto control de la iniciativa.

El gobierno británico, encabezado por su Primer Ministro Sir Winston Churchill, trataban el modo de retomar algún tipo de acción ofensiva que asestara golpes a la hasta entonces invencible maquinaria bélica germana. La respuesta fue la creación de una fuerza de tropas especiales, cuyas acciones se basasen en la sorpresa y velocidad, capaces de efectuar operaciones en zonas ocupadas por el enemigo, especialmente su retaguardia, y particularmente en la costa norte de Francia y África del Norte. Para designar a este tipo de tropa se seleccionó el nombre de "Comandos", tomado de las ágiles partidas de la caballería bóer.

Una de las más espectaculares acciones que efectuaron estas tropas especiales, fue la protagonizada por los Royal Marines, quiénes en 1942 montaron una operación para impedir el uso del gran dique seco de Saint-Nazaire por los grandes navíos alemanes, particularmente el acorazado Tirpitz, gemelo del malogrado Bismarck.

Esta operación consistía en ingresar sorpresivamente al puerto con un destructor de la I GM, el HMS Campbeltown, con su proa cargada de alto explosivo, para embestir la compuerta del dique y producir su demolición. La acción sería acompañada con un desembarco de comandos para destruir las instalaciones portuarias e impedir su uso como apoyo a las operaciones de la Kriegmarine.
El viejo destructor alcanzó su objetivo, pese a la violenta reacción de la defensa alemana que capturó o aniquiló la fuerza comando, ya que un mecanismo de la relojería detonó la carga en el momento en que los alemanes revisaban el buque con la intención de retirarlo destruyendo por completo la compuerta e inutilizando el dique.

Los "Comandos" lograron así su objetivo, aunque a un alto precio. Otra operación de renombre fue el frustrado intento de asesinar al Mariscal de Campo Erwin Rommel.

El "Zorro del Desierto" burló a sus victimarios pues no se encontraba donde ellos esperaban. Las fuerzas del Eje emplearon tropas especiales en operaciones tan o más espectaculares que las británicas.

Basta recordar la gran hazaña de los paracaidistas del General Kurt Student, que tomaron la fortaleza de Eben Emael, el rescate del Duce Benito Mussolini de su prisión en el Hotel del Sasso, y los "Comandos" germanos que sembraron la confusión y el desorden durante la ofensiva de las Ardenas.

En esa acción se empleó en gran escala material blindado tomado de los aliados, así como tanques alemanes enmascarados como tales, capturando numerosos puestos aliados en forma sorpresiva.
Sin embargo, una de las más espectaculares operaciones especiales la protagonizaron los hombres de la Reggia Marina, que con sus torpedos de marcha lenta y cargas magnéticas lograron en la rada de Alejandría el increíble palmarés de hundir los acorazados británicos Valiant y Queen Elizabeth, más un petrolero en una sola acción.


¿Cómo fueron empleadas las Fuerzas Especiales argentinas en las Malvinas?


Durante el Conflicto del Atlántico Sur, las fuerzas argentinas emplearon fuerzas especiales en dos oportunidades bien diferenciadas; en el desembarco y ocupación de las islas en primer término, y en su defensa en segundo.

Los "Comandos" provenían de distintas fuerzas armadas.



El desembarco y ocupación de las Islas Malvinas


El 1 de abril de 1982, la Fragata ARA "Santísima Trinidad" enfilaba su esbelta proa hacia el Faro San Felipe, levantando finos bigotes de agua salada y espuma de mar.

En sus cálidas entrañas bullía una frenética actividad proveniente de un grupo de hombres que ajustaban los últimos detalles para la operación.

Bajo sus rostros tiznados se vislumbraban la ansiedad y tensión previa a la acción. Eran los miembros de la Agrupación de Comandos Anfibios, un grupo de élite, altamente entrenado de la Armada.
A las 21:00 hs iniciaron el desembarco, y navegando en dirección a la costa pronto se perdieron de vista entre las tinieblas la protectora silueta del navío.

Furtivamente alcanzaron la costa a las 23:45 hs, se desplegaron e iniciaron su misión. Primero prepararon la playa para el desembarco del Batallón de Infantería de Marina 2.

Una vez que los avezados comandos aseguraron el lugar seleccionado para el desembarco y antes del alba, del vientre del buque de desembarco de tanques, surgieron los grandes y pesados anfibios.

A las 06:30 horas, cuando las orugas de los mastodontes de metal mordían la playa, y emergían majestuosamente junto al sordo y acompasado rugir de sus motores, el BIM 2 tomó la playa sin oposición, y poco más tarde los blindados se enfilaron decididamente hacia Puerto Argentino y su aeródromo.

Entre tanto los comandos anfibios no tuvieron descanso, silenciosamente se acercaron y ocuparon el cuartel de los Royal Marines, sólo para comprobar que allí nadie había quedado.

Los marinos de Su Majestad se hicieron fuertes en la residencia del Gobernador y en las cercanías del hipódromo. Hacia allí se dirigieron. Entretanto las fuerzas del BIM 2 y del Ejército despejaron el aeropuerto, cuya pista había sido bloqueada con tractores y camiones. La agrupación de Comandos Anfibios rodeó la casa del gobernador y a las 09:00 hs el Mayor Norman y 68 marines se rindieron.

Los marinos argentinos sufrieron bajas entre sus hombres, más aún cumplieron estrictamente la consigna de no provocar bajas entre los británicos.

La escena quedó inmortalizada en una fotografía que fue tapa de las revistas más afamadas del mundo.

La operación se cumplió con todo éxito, y gran parte de ello gracias a la acción de los comandos anfibios. Mientras se relajaron y descansaron, los pesados transportes Hércules comenzaron a descender en el aeródromo malvinense, estableciendo el puente aéreo, por donde fluirían hombres y subsistencia.


La defensa


La firme y decidida reacción británica no se hizo esperar, y las fuerzas argentinas se aprestaron para defender el suelo patrio reconquistado.

Comenzaron a fluir artillería, blindados, misiles, abastecimientos, y por supuesto también arribaron las tropas especiales del Ejército y Gendarmería Argentina.

El Ejército completó aceleradamente la Compañía de Comandos 601, formación que había comenzado a organizarse a fines de 1981 y a fines de abril se trasladó a Puerto Argentino. Poco más tarde comenzó a organizarse la Compañía 602, con elementos convocados de distintas Unidades. A ello se sumaron comandos de la Gendarmería Argentina.

Estas tropas fueron empleadas en tres misiones: primero, para obtener información sobre la actividad del enemigo, mediante la ejecución de patrullas de exploración. Segundo, para efectuar contra exploración. Tercero, para proveer seguridad al puesto de comando del comandante de las fuerzas destacadas en el archipiélago, ubicado en el puerto argentino de Town Hall.

Particularmente, sobre la exploración, procedimiento de obtención de información sobre la actividad del enemigo, cabe señalar que en Puerto Argentino se encontraba destacado el Escuadrón de Exploración de Caballería Blindada 10, unidades especialmente entrenadas para esta misión. Este escuadrón se encontraba sin su material blindado a excepción de 2 autoametralladoras ligeras Panhard H90-F1.

A esta unidad se le confió algunas misiones de exploración por medio de vehículos de todo terreno, como los Mercedes Benz.

A su vez, el escuadrón se constituyó en reserva, y como tal, la unidad efectuó una de las más valerosas acciones al contraatacar a pie y estar dotada sólo de armas ligeras, logrando contener y bloquear con todo éxito el ataque británico que aconteció la noche del 11 al 12 de Junio, evitando una segura desarticulación del dispositivo defensivo.

Otros medios de exploración destacados eran 2 secciones de AML Pahhard del Dest. Expl C B1 181 y un grupo del Escuadrón Blindado 9. Estos vehículos se encontraban restringidos a los pocos caminos existentes, dada la escasa transitabilidad que ofrecía el suelo malvinense. Todos estos blindados habían sido transportados en los C-130 Hércules, y fueron empleados como reserva blindada.

Se sumaba a esto la superioridad aérea británica que restringía, cuando no directamente impedía la exploración aérea, ya sea con helicópteros o aviones. Ante tal estado de cosas, la responsabilidad de explorar en la profundidad recaería en los comandos.

Su tarea no fue sencilla ya que tuvieron que enfrentar los problemas de la eficaz contraexploración británica, la capacidad de "guerra electrónica" británica que contaba con avanzados equipos de radiogoniometría, por las deficientes medidas de seguridad en el empleo de las comunicaciones por parte de las fuerzas argentinas y a causa de las duras condiciones meteorológicas y del terreno.
Las tropas comandos contaban para enfrentar estos problemas con su entrenamiento, iniciativa, capacidad de improvisar y valor.

Por otra parte, no es fácil lidiar con quiénes crearon y desarrollaron el empleo de los "Comandos" hasta hacerlos parte importante del arte militar.


Las operaciones de patrullas argentinas en la isla Gran Malvina


Existieron varias acciones efectuadas por las tropas comandos argentinas durante la ejecución de la defensa del archipiélago.

En la isla Gran Malvina existían tropas argentinas destacadas en Fox Bay, Port Howard y en la Isla de Bormón. Port Howard sería base de las misiones de patrulla de los comandos destacados en la Gran Malvina. La misión de estas patrullas era observar el desembarco de las fuerzas británicas en Puerto San Carlos, en la orilla opuesta del estrecho homónimo.

Para ello se estableció un observatorio desde el cual se podía ver con ciertas dificultades la concentración de navíos británicos.

No pasó mucho tiempo para que fueran localizados por los británicos, iniciándose una intensiva búsqueda con medios aeronavales.

Los comandos argentinos pudieron eludir los esfuerzos por capturarlos.
Y en Port Howard los comandos reiniciaron la instalación de un nuevo puesto de observación que no resultó adecuado dada la distancia en la se encontraba.

Durante el regreso a su base de operaciones, esta patrulla de una docena de hombres localizó un puesto de observación de artillería británico, integrado por 2 "Comandos", cuya misión era reglar el fuego naval sobre Howard.

Luego de una breve escaramuza, cayó muerto un oficial y fue hecho prisionero un suboficial. Al menos ese puesto ya no podría amenazar Howard con el eficaz fuego naval.



¿Cómo fue el rescate en Monte Kent?


La Compañía de Comandos 602 recibió la misión de destacar sus hombres en la zona de Monte Kent, y esperar el inminente asalto británico, para dejarse sobrepasar e infiltrarse en su retaguardia.

El 8 de Junio la Fuerza Aérea argentina atacó a 2 buques de transportes que se encontraban prestos para desembarcar efectivos en bahía Agradable, y se decidió anticipar la operación.
Todo marchó mal desde un principio; el enemigo se había adelantado, pues dominaba la zona, y los comandos argentinos sufrieron grandes bajas.

El desastre se agravó cuando un helicóptero Puma que transportaba comandos de la Gendarmería Argentina se estrelló e incendió, ya que fue alcanzado por la defensa aérea inglesa.

Siete gendarmes murieron consumidos por las llamas en las entrañas del pájaro de metal.
Las ennegrecidas y retorcidas chapas de aluminio le servirán de mortaja, como el casco de acero del viejo crucero que resguardaban los cuerpos de trescientos valerosos marinos.

Ésa es la guerra, donde la fortuna cambia a cada momento. Los comandos sobrevivientes quedaron ilesos, heridos y aislados de Puerto Argentino.

Sus compañeros decidieron efectuar una incursión para rescatarlos. Sobre motos todo terreno, la Compañía de Comandos 601 se dirigió hacia el Monte Kent. Por detrás sólo marchaban la decisión y el valor encarnado en un puñado de hombres audaces.

Más aún, los británicos no permanecieron inactivos, apenas alcanzaron el Monte Kent comenzaron un intenso y bien dirigido fuego de morteros. Una de las motos fue despeñada por la explosión de un proyectil, milagrosamente su conductor salió ileso del evento y montó en la moto de un compañero.

El fuego se intensificó, continuar no era prudente, el enemigo dominaba la situación y la sorpresa se había perdido.

Hicieron virar las motos y emprendieron el regreso. Pero la incursión no fue en vano, aprovechando la distracción creada, los comandos de la Compañía 602 lograron perder contacto y volver con la masa de sus hombres a Puerto Argentino. Dos heridos quedaron rezagados e imposibilitados de moverse.

En la noche, se inició una nueva y arriesgada operación de rescate. Ese grupo de rescate vivió momentos de gran tensión y peligro, lograron localizar a los heridos y montarlos en las ágiles motocicletas sin ser localizados por los británicos. En retorno, el enemigo se percató de la acción, lo que provocó un denso fuego de artillería y mortero.

Aceleraron las motos atravesando el valle y tratando de dejar el peligro atrás, pero la artillería corrigió el fuego, martillando el húmedo suelo.

Al aparecer las posiciones argentinas, el peligro quedó atrás, aumentaron la velocidad, pasaron por el corredor existente en los campos minados frente al Batallón de Infantería de Marina 5 y cuando arribaron a la posición de la Armada, un oficial, con gesto preocupado, les dijo que el corredor había sido cerrado media hora antes.

El grupo de rescate había cruzado por un campo minado activado sin sufrir las consecuencias desagradables de pisar una mina. Sin duda, la fortuna acompaña a los audaces.


Conclusiones


La experiencia de Malvinas ha demostrado una vez más la importancia de las tropas especiales como complemento del esfuerzo principal, particularmente en misiones que son de gran importancia para la inteligencia propia, tales como obtener información del enemigo y terreno en áreas que otros medios no pueden acceder.

Esto se confirmaría en la Guerra del Golfo, donde tropas especiales, ubicadas detrás de las líneas enemigas, brindaron un gran apoyo mediante la obtención de información y la adquisición de blancos.

Se puede concluir, diciendo que el hecho de emplear las tropas especiales exige una detallada inteligencia previa, para prevenir sorpresas que frustren la operación. Es más, las tropas especiales deben operar con una estrecha vinculación con las tropas técnicas de inteligencia, algo que los "Comandos" ingleses saben muy bien.

Debe considerarse que al ser tropas costosas, éstas deben empeñarse solamente sobre objetivos rentables, en que no puedan emplearse otro tipo de tropas menos especializadas.

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