lunes, 9 de julio de 2012

La Casa de Tucumán ó Casa de la Independencia


La Casa Histórica de la Independencia, es un edificio histórico localizado en el centro de la ciudad argentina de San Miguel de Tucumán, donde un cuerpo de delegados de la mayoría de las Provincias Unidas del Río de la Plata, conocido como el Congreso de Tucumán, proclamó la declaración de independencia de la Argentina, el 9 de julio de 1816.


Historia


La Casa de Francisca Bazán de Laguna:

La Casa histórica fue construida durante la década de 1760 por el comerciante Diego Bazán y Figueroa, para ser otorgada como dote al matrimonio de su hija Francisca Bazán con el español peninsular Miguel Laguna. Este matrimonio tuvo extensa descendencia, y durante algún tiempo vivieron en ella más de quince personas.

Se trataba de una edificación de estilo señorial, con una entrada de tipo zaguán, flanqueada por dos habitaciones, que dan a un primer patio, rodeado de habitaciones por sus cuatro costados. A continuación se hallaban tres salones principales, luego un segundo patio, para seguir un tercer grupo de dependencias, destinadas al personal de servicio. Fuera de las decoraciones aplicadas a paredes y aberturas, el edificio carecía de todo ornamento, con la única excepción de las molduras ubicadas a ambos lados de la puerta principal, representando columnas salomónicas.

En la época de la Revolución de Mayo, la casa pertenecía a los descendientes de Francisca Bazán, y era ocupada por Pedro Antonio de Zavalía, casado con Gertrudis Laguna y Bazán. Otro de los dueños habría sido Nicolás Laguna, otro hijo de Francisca Bazán. No ha quedado registro de la fecha en que esta casa fue alquilada por el gobierno revolucionario, que la ocupó como cuartel para oficiales y tropa, por lo menos en los meses que siguieron a la Batalla de Tucumán.

Permanecía en manos del Estado en concepto de alquiler cuando fue asignada para las sesiones del Congreso de Tucumán, que funcionó en ella entre marzo de 1816 y enero del año siguiente. Para la mayor comodidad de las sesiones, se derribó una de las paredes interiores que dividían dos de las tres salas ubicadas entre el primer y segundo pattios; el salón así ampliado presenció la solemne declaración de independencia de la Argentina el 9 de julio de 1816.

La casa estaba edificada sobre la "Calle del Rey". El Congreso decidió cambiarle el nombre a la misma, y le adjudicó el que hoy lleva, de "Congreso".



9 de julio 1816, Día de la Independencia

En 1816, luego del camino iniciado por la Revolución de Mayo en 1810, el país proclamó en un Congreso en Tucumán la existencia de una nación libre e independiente de la Corona Española, inaugurando el largo proceso de unificación nacional.

Luego de la Revolución del 25 de mayo de 1810, el camino hacia la independencia nacional estaba trazado: la ruptura de los lazos coloniales con España en 1810 no hicieron más que cristalizar un movimiento liberador que venía buscando, desde 1806, mayor participación política y económica de los criollos.


Cronología del 9 de Julio

En 1810, América del Sur estaba dividida en dos bandos: los revolucionarios y, por otro lado, los leales al Consejo de Regencia, llamados “realistas”. Los revolucionarios buscaban más autonomía dentro del sistema colonial hasta que volviera el rey y muy pocos se inclinaban por la independencia al principio. Por eso las juntas se hicieron en nombre de Fernando VII, el rey preso.

Sin embargo, cuando los revolucionarios intentaron sumar a los realistas a su determinación, comenzaron las guerras entre ambos mandos, cuyo resultado sería la independencia de los dominios coloniales en América. España no intervino porque se encontraba ocupada por los franceses y luchando por su propia independencia. La guerra no tuvo un mando único, cada gobierno americano siguió sus propias decisiones. 

En el Río de la Plata, la Banda Oriental –lo que hoy es Uruguay- y el Litoral empezaron a defender su autonomía y a desafiar la postura centralista de Buenos Aires. Es por ello que, en la Asamblea de 1813, otro importante antecedente de la independencia, los representantes orientales no fueron aceptados cuando se convocó a un congreso para organizar al Río de la Plata. En la Asamblea, la mayoría revolucionaria era partidaria de declarar la independencia. Sin embargo, no se animaron a dar ese paso, a causa de los acontecimientos que se daban en Europa. 

En efecto, en 1814, el rey Fernando VII fue liberado justo después de que Rusia, Austria, Prusia, Suecia, Portugal, España y Gran Bretaña formaran una gran alianza que derrotó a Napoleón. Así, las monarquías absolutistas resultaron grandes ganadores y declararon que cualquier gobierno surgido de una revolución era ilegítimo. 

Sin embargo, ya desde 1813 los revolucionarios estaban bien encaminados: Bolívar reconquistó Caracas e instaló la segunda república venezolana; los revolucionarios del Río de la Plata triunfaron en la batalla de Salta sobre los realistas. Y San Martín ya estaba formando el Ejército de los Andes, con el objetivo de liberar los territorios de Chile y Perú. 

Por su parte, el enfrentamiento entre Buenos Aires y los seguidores de Artigas, máximo líder de la Banda Oriental, se agudizó: el Litoral y la Banda Oriental formaron la “Liga de los Pueblos Libres” y se separaron del resto de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Por su parte, Paraguay, que había dejado de ser realista, se desvinculó completamente del resto y se mantuvo aislada.

A fines de 1815, la situación de los revolucionarios era desesperada. Venezuela y Colombia fueron reconquistadas por los realistas. Sólo el Río de la Plata seguía en pie, amenazado desde Chile y el Alto Perú. A nivel internacional, la situación era preocupante: Austria, Rusia y Prusia habían formado la Santa Alianza para defender a los absolutismos y apoyaban a Fernando VII en su búsqueda de recuperar su imperio.

En medio de esa gran emergencia, en 1816 las Provincias Unidas decidieron convocar a un nuevo congreso, que se reunió en Tucumán para decidir qué hacer. Todas las provincias de la Liga de los Pueblos Libres (Banda Oriental, Corrientes, Entre Ríos, Misiones y Santa Fe) no lograron participar del encuentro, ya que sus representantes fueron aprisionados por el Directorio unitario instalado en Buenos Aires. Una sola provincia de ideas federalistas pudo hacer llegar a sus representantes: Córdoba. Los territorios de la Patagonia, Comahue y el Gran Chaco se encontraban bajo el dominio de los llamados pueblos originarios. El Congreso se inició el 24 de marzo de 1816 con la presencia de 33 diputados, en una casa en San Miguel de Tucumán, alquilada a Francisca Bazán de Laguna, hoy Monumento Histórico Nacional. 

Cabe destacar que, pese a una hegemonía de representantes de todas las provincias partidarias del centralismo porteño, el Congreso expresó en gran parte intenciones federales mantenidas por José de San Martín, Manuel Belgrano y Bernardo de Monteagudo. Luego de acaloradas discusiones, el Congreso del 9 de julio de 1816 proclamó la declaración de independencia argentina respecto de España y de toda otra dominación extranjera.



Decadencia y Demolición:

Tras el traslado del Congreso a Buenos Aires, la casa fue destinada a diversos usos, y devuelta a sus propietarios en algún momento de la crisis conocida como la Anarquía del Año XX. Pasó a ser propiedad de Carmen Zavalía, casada con su tío Pedro Patricio Zavalía. Su estado parece haber sido ruinoso, por lo que los esposos Zavalía demolieron las construcciones del segundo patio, recontruyéndolas en un estilo más moderno.

Años más tarde, la casa albergaba a dos mujeres solteras, tataranietas de su primera propietaria. En el año 1869, con el objetivo de llamar la atención de las autoridades en la conservación del edificio, aprovecharon la presencia en Tucumán del fotógrafo Ángel Paganelli, para tomar algunas fotografías del mismo. Entre ellas, tuvo especial importancia una única fotografía del frente del edificio, que se muestra en estado bastante ruinoso, pero conservando en buen estado los detalles arquitectónicos. En la foto aparecen el conductor del carro que llevaba la máquina de fotos de Paganelli y su hijo, sentados frente a la casa.


El Ingeniero Stavelius dirigió los trabajos, dando a la casa una fachada "Neoclásica"

En 1874, la casa fue definitivamente adquirida por el gobierno nacional, que la destinó a edificio de Correos, anexándole posteriormente el servicio de Telégrafo. El lugar fue sede de las primeras manifestaciones de conmemoración de la Declaración de la Independencia, que comenzaron durante los años 1880. En 1893 se realizó una conmemoración masiva, con representantes estudiantiles llegados de distintas provincias.

No obstante, el gobierno no realizó contribuciones al mantenimiento de la casa hasta el año 1903, en que se vio obligado a demolerla casi por completo, debido a su pésimo estado de conservación. Sobre la calle Congreso se edificó la sede de Correos de la Nación y la sede del Juzgado Federal de Tucumán, de estilo renacentista, y coronado con las imágenes de dos leones acostados.

La única parte del edificio que fue salvada de la demolición fue el Salón de la Jura de la Independencia. En el año 1904, por orden del gobierno nacional, éste fue cubierto por un templete o pabellón de ladrillos, con abundantes estructuras de hierro y vidrio, de estilo Art Nouveau. En ese templete, el gobernador Ernesto Padilla presidió los festejos del primer centenario de la Declaración de la Independencia.





Vista interna con el Salón de la Jura de la Independencia.


Frente del templete

Reconstrucción:

En 1941 la Casa de la Independencia fue declarada Monumento Histórico Nacional.

Una comisión especial, formada por Ricardo Levene, Martín Noel, Mario J. Buschiazzo, y Alejandro Figueroa, estudiaron un proyecto de reconstruir la casa tal como era en los tiempos del Congreso de Tucumán. Una ley de la Provincia de Tucumán aprobó esa obra, y se decidió que la misma fuera dirigida por Buschiazzo, un arquitecto. Éste se basó en las fotografías de Paganelli de 1869 y los planos levantados durante el proceso de su compra por el estado nacional. Durante las excavaciones previas a la reconstrucción se encontraron los cimientos de la edificación original, que facilitaron la reconstrucción del edificio.

Las obras se inauguraron en 1942 y fueron inauguradas el 24 de septiembre del año siguiente. La reconstrucción intentó ajustarse al máximo a cada detalle del edificio original, utilizando incluso los mismos tipos de ladrillos, tejas —adquiridas en demoliciones en distintas ciudades del país— y baldosas.

Se omitieron las habitaciones que separaban el segundo patio del tercero, para facilitar la circulación y porque los mismos databan de varias décadas después del año de la Declaración de la Independencia.



El tercer patio de la casa fue reemplazado por un patio de inspiración más moderna. La mitad del mismo está ocupado por la Galería de las Placas, donde pueden leerse centenares de placas recordatorias colocadas por entidades públicas y privadas en homenaje a la Declaración de la Independencia. Su parte posterior es el Patio de Homenajes, un patio abierto entre dos paredes, que contienen dos grandes bajorrelieves realizados por la escultora Lola Mora: uno de ellos rememora los hechos de la Revolución de Mayo de 1810, más precisamente la manifestación popular del día 25; el segundo representa la votación por aclamación de la Declaración de la Independencia, del 9 de julio de 1816.

El fondo del patio, protegido por una alta reja ornada, da acceso a la Casa de la Independencia desde la calle. Desde allí accede el público en las ocasiones en que se realizan actos de homenaje; el patio posterior contiene también un mástil, en que se suele enarbolar la Bandera Nacional.


El autor de la reconstrucción fue el arquitecto Mario J. Buschiazzo, experto en restauración de edificios coloniales. Buschiazzo realizó lo que se denomina "arqueología colonial" y basándose en los planos de 1874, en las antiguas fotografías de Paganelli y en excavaciones de sondeo, encontró los vestigios de los primitivos cimientos.

Las obras se iniciaron el 17 de Junio de 1942 y se inauguraron el 24 de Septiembre de 1943. Buschiazzo consiguió elementos arquitectónicos originales del S. XVIII para la reconstrucción de la Casa.



En Estos Últimos Años

El 9 de julio de 1947, el presidente Juan Domingo Perón declaró en este solar la Independencia Económica de la Argentina, con motivo de la cancelación total de la deuda externa del país.

En 1971 la casa sufrió el único ataque a su integridad ocurrido hasta la actualidad, cuando un grupo de guerrilleros de la agrupación Montoneros ocupó brevemente el edificio y dañó sus paredes interiores con pintura en aerosol.

En 1976 fueron adquiridos los terrenos colindantes con la Casa Histórica del lado norte, con el objeto de edificar allí algún tipo de edificio auxiliar del Museo. Los proyectos no se concretaron, y años después se liberó ese espacio al uso público con el nombre de Plaza de los Congresales.

El Distrito Noroeste elaboró un proyecto de restauración integral de los techos, que se desarrolló en dos etapas. La primera en 1986, abarcó tres salas y sectores de galerías.

Se realizó la segunda etapa de la restauración integral de los techos e incluyó el resto de la Casa, mereciendo especial atención la restauración de la cubierta del salón histórico, único sector de la Casa original. Los trabajos consistieron en desmontar el antiguo tejar, recuperando la mayor cantidad posible de tejas. Estas fueron cuidadosamente lavadas, quitándoles todo el vestigio de mortero de asientos y musgo. El techado de cañizo fue renovado en su totalidad, empleándose cañas seleccionadas, procedentes de fincas cercanas a la ciudad. La estructura de madera: tirantes, cabriadas y alfajias, fue conservado casi íntegramente, excepto 30 metros del borde de las galerías que fueron atacadas por termitas (hormigas), comprometiendo su resistencia.



En la década de 1990 se realizaron algunas obras de mantenimiento importantes, especialmente la limpieza de casi todas las tejas y el reemplazo de las que estaban rotas; y se cambió el color de las aberturas de madera, de acuerdo con una investigación histórica que comprobó que el Congreso de Tucumán había ordenado la compra de pintura azul para todas las puertas y ventanas.




El edificio y los patios:

Actualmente esta casa funciona como museo y es centro tradicional de los festejos por la Declaración de la Independencia. El museo consta de nueve salas de exposiciones, en las que se exhiben muebles y vestuario de época, una reproducción ajustada a la disposición del mobiliario durante las deliberaciones, mapas y cuadros, una reproducción de la edición manuscrita del Acta de la Independencia y una reproducción de la edición impresa, en castellano y aimara. También se exhibe una galería con los miembros del Congreso.


El edificio actual está formado por dos cuerpos principales, rodeando al primer patio. El primer cuerpo incluye la fachada, un zaguán y dos salones, uno a cada lado de la entrada. A los costados del primer patio existen dos cuartos del lado norte y dos del lado sur.


A continuación se encuentra el segundo cuerpo principal, dividido en tres salas; la mayor es la de las sesiones del Congreso, y la única que se conserva del edificio original. También contiene el gran candil y la mesa que presidieron las seciones del mismo. Las sillas que acompañan a la mesa datan aproximadamente de la fecha de la declaración de la independencia.


A continuación sigue el segundo patio o "patio del aljibe", que contiene ejemplares de varios árboles de la región. En ambos costados tiene algunas habitaciones menores. Un tercer patio incluye una última sala, la galería de homenajes en el lado norte, y el amplio patio de los sobrerrelieves y el mástil.



Dos temáticas en el tercer patio

Todos los que visitan la Casa se maravilan ante los altorrelieves exhibidos en el último patio. El Museo, y los tucumanos, nos enorgullecemos de ellos: El 24 de Septiembre de 1904 se inauguraron en el Museo dos monumentales altorrelieves de bronce realizados por la escultora Lola Mora y fundidos en Roma. Sobre este acontecimiento, ha escrito unas muy amenas líneas el historiador Carlos Páez de la Torre (h), a quien damos la palabra:



"... Los dos colosales relieves, de dimensiones inusitadas -que hoy podemos admirar en el patio posterior de la Casa Histórica- representan los actos culminantes de la liberación argentina: La constitución de una junta de gobierno criolla en reemplazo del virrey español, del 25 de mayo de 1810, en el Cabildo de Buenos Aires, y la declaración de la Independencia, en Tucumán, el 9 de julio de 1816. Sabemos que el boceto original de éste último ya estaba hecho en 1900.

Ambos acontecimientos están narrados con ímpetu, y su concepción artística es tan fogosa como segura. El que se ambienta en el Cabildo, nos muestra un verdadero estudio de tipos porteños del momento: junto con los pobladores de abolengo - que se distinguen tanto por su porte como por sus vestimentas - alterna todo un conjunto de personajes de pueblo. Hombres, mujeres y niños forman agitados grupos que enriquecen la composición y contribuyen a una mayor vivacidad, rompiendo con el acartonamiento del relato histórico convencional. Es de destacar en ellos un cuidadoso estudio de fisono-mía y atuendos, reveladores de la seriedad y profesionalismo de la escultora tucumana. En suma, se nota una mayor madurez, explicable si pensamos que este relieve era unos años posterior al de la Jura de la Independencia. 

En este último, el tono es más solemne y contenido, adecuado a la importancia del momento. Lo ambienta en el interior de la casa de los Laguna, en el mismo y tocante acto del juramento. También se destaca aqui el estudio fisonómico realizado por Lola Mora. Ella se tomó la libertad de dotar, a uno de los congresales, de la figura de su protector y mecenas, el general Julio Argentino Roca, al que retrata en emocionado gesto. El anacronismo (que fue duramente criticado y animó numerosos comentarios) encaja perfectamente en la tradición artística occidental: es sabido que se utilizó con frecuencia este artilugio, a fin de honrar a las persona que, de alguna manera, encomendaban y auspiciaban una obra(...).

En ambas piezas, el trabajo escultórico se resuelve en diferentes planos que permiten representar el espacio y ampliar el campo visual donde se desarrollan los episodios. SIguiendo una suerte de perspectiva "volumétrica", los primeros planos se enfatizan, y con su volumen alcanzan el carácter de "alto relieve". Los planos siguientes se van atemperando en su masa hasta perderse totalmente en el fondo, mediante el uso de una línea incisa, que dibuja los contornos de los pefiles más alejados. Tanto por las dimensiones, como por la calidad de su ejecución, estas piezas de bronce constituyen ejemplos casi únicos en su género, en nuestro país."


Mural 25 de Mayo


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Mural 9 de Julio

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Los murales fueron fundidos en Roma. El trabajo fue repartido entre los talleres de Nelli y de Bastianelli. Al momento de terminada la obra, el historiador Páez de la Torre cita una carta que una amistad de Lola Mora le remitió desde Roma, contando lo siguiente:

" En los Nelli, el relieve "estaba colocado sobre una pared, ya todo terminado y limpio y producía la mejor impresión", como que "al dia siguiente fue expuesto al público". Allí sirvieron refrescos al embajador *, quien hizo brindis por Italia, por la ventura de los industriales que "en tiempo breve" habían cumplido el fundido y, "naturalmente, se brindó también por la República Agentina y su genial artista". (...) En ese momento, "todos de pie, se quitaron los sombreros con verdadero entusiasmo y con conmoción sentida. El Ministro hallábase radiante de satisfacción". La escena se repitió en lo de Bastianelli, donde (...) "pudieron cerciorarse de las enormes dificultades superadas... al arreglar las últimas cuatro piezas". 

Junto con la carta, se apuntaban recortes de dos publicaciones romanas, Il Presente y Tribuna, tachonados de elogios sobre los trabajos. Ponderaba la grandiosidad de los relieves, "obra soberbia de la genial y graciosa escultora argentina"; la calidad y velocidad -apenas 45 días- del trabajo de los fundidores; el grandioso "amor patrio" que trasuntaba el "hermoso corazón de incomparable artista"; lo que implicaba este "espléndido y colosal bajo relieve". 

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El salón y mobiliario

Hemos llegado al lugar más importante de este Museo: El Salón de la Jura. Las sesiones del 9 de Julio de 1816 que decidieron la independencia de estas tierras, se desarrollaron en este venerable salón, el cual se mantiene tal cual estaba en aquél tiempo. Se tiene pocos datos sobre el salón durante las sesiones, pero sabemos que la mesa de la presidencia fué facilitada por la familia Áraoz, y es la misma que se encuentra exhibida en el museo. Las sillas se suponen prestadas, pero documentaciones posteriores demostraron que en su mayoría pertenecían al Estado. Según testimonios de contempo-ráneos, "se trataba de sillas talladas, pata de cabra, con asientos de suela grabada a cincel (...) y fijada a la madera con tachuelas de bronce.(...)".

Iluminaba el salón una araña de 8 velas (...). En el techo las vigas estaban a la vista, y unas cañas huecas hacían de intermediarias con la teja."

Los gruesos muros revocados con barro estaban blanqueados a la cal. Sobre la mesa de la presidencia reposaba un tintero de plata. Acaso, en las paredes, algún retrato de tema religioso ó un pequeño espejo. Y nada más. Como mencionara el historiador Carlos Páez de la Torre, "Había en el ambiente una modestia y una sencillez que hace aún más tocante, si cabe, la declaración de la Independencia ".

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Salón donde se jura de la independencia

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Borrador del acta de la Independencia

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El sillón de Laprida

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El sillón de Belgrano


Otra Sala
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Info: Wikipedia y www.museocasatucuman.com
Fotos: algunas mías (ferchod) y otras de la pagina del museo
www.museocasatucuman.com